Las principales cooperativas lácteas se comprometen a rebajar un 30 % su huella de carbono mediante mejoras en alimentación, gestión de purines y energías renovables
El sector lácteo español se ha convertido en uno de los principales referentes de sostenibilidad dentro de la ganadería europea tras asumir el compromiso de reducir un 30 % su huella de carbono antes de 2030, una estrategia que sitúa al cooperativismo lácteo a la cabeza de la reducción de emisiones en el sector agrario español.
Las principales cooperativas lácteas del país han intensificado en los últimos años sus planes de descarbonización mediante medidas centradas en la eficiencia energética, la mejora de la alimentación animal, la gestión sostenible de purines y el uso de energías renovables. El objetivo es avanzar hacia un modelo productivo más eficiente y alineado con las exigencias climáticas europeas, sin comprometer la rentabilidad de las explotaciones.
Actualmente, el sector lácteo representa aproximadamente el 1 % de las emisiones totales de dióxido de carbono de la economía española, una cifra relativamente reducida si se compara con otros sectores productivos. Sin embargo, la industria láctea ha acelerado sus compromisos medioambientales y trabaja ya con una hoja de ruta concreta para disminuir de forma significativa su impacto climático durante esta década.
Cooperativas que lideran la transición ecológica
El compromiso involucra a algunas de las principales cooperativas lácteas españolas, entre ellas Aira, Central Lechera Asturiana, Covap, Kaiku, Coinga, Clun, Agrocantabria y Cadí, responsables de alrededor del 20 % de la producción nacional de leche.
En conjunto, estas entidades producen cerca de 1,5 millones de toneladas de leche al año, lo que supone también una importante responsabilidad ambiental. Según las estimaciones del sector, alcanzar la reducción del 30 % permitiría disminuir aproximadamente 450.000 toneladas de CO₂ equivalente anuales.
La estrategia se basa en una transformación integral de toda la cadena de valor, desde las explotaciones ganaderas hasta las plantas industriales y la logística de recogida y distribución.
Alimentación de precisión y reducción del metano
Uno de los principales focos de actuación se centra en las emisiones entéricas del ganado, es decir, el metano generado durante la digestión de las vacas. Para reducir este impacto, las cooperativas están implantando programas de nutrición de precisión, diseñando raciones individualizadas y utilizando materias primas más digestibles que permiten mejorar la eficiencia alimentaria y disminuir las emisiones.
Estas medidas no solo contribuyen a la sostenibilidad ambiental, sino que también mejoran la productividad y el aprovechamiento de los recursos dentro de las explotaciones.
Además, algunas cooperativas están impulsando proyectos vinculados al uso de forrajes capaces de secuestrar más carbono en el suelo, favoreciendo así un balance ambiental más favorable para las granjas.
La gestión de purines, clave en la reducción de emisiones
Otro de los puntos críticos es la gestión de purines, una de las principales fuentes de emisiones dentro de las explotaciones ganaderas. Para ello, el sector está apostando por soluciones basadas en economía circular, como la producción de biogás y biometano.
Un ejemplo destacado es el desarrollo de plantas capaces de transformar purines en energía renovable y biofertilizantes reutilizables en las propias explotaciones. Este modelo permite reducir emisiones, disminuir el uso de fertilizantes químicos y aprovechar residuos ganaderos como recurso energético.
Energías renovables y eficiencia industrial
La transformación también alcanza a la industria láctea. Varias cooperativas han implantado sistemas de energía solar fotovoltaica, biomasa y biogás en sus instalaciones industriales con el objetivo de reducir su dependencia energética y rebajar emisiones.
En algunos casos, ya se ha conseguido que más del 65 % de la energía consumida proceda de fuentes renovables, gracias a inversiones en autoconsumo y eficiencia energética.
Asimismo, las empresas trabajan en la optimización de rutas logísticas y en la renovación de flotas por vehículos híbridos o eléctricos, reduciendo el impacto ambiental asociado al transporte de leche.
Resultados ya visibles en algunas cooperativas
Algunas entidades ya han logrado avances significativos. Es el caso de Covap, que consiguió reducir un 18 % la huella de carbono por litro de leche entre 2020 y 2024, gracias a un plan de sostenibilidad implantado en más de 230 explotaciones ganaderas.
Por su parte, Central Lechera Asturiana ha logrado disminuir un 50 % sus emisiones industriales directas mediante mejoras energéticas y optimización de procesos logísticos.
Estos resultados reflejan el cambio estructural que está experimentando el sector lácteo español, que busca combinar sostenibilidad ambiental, innovación y competitividad.
Una ganadería más sostenible y alineada con Europa
Más allá de las emisiones, el sector lácteo también está avanzando en otros ámbitos relacionados con la sostenibilidad, como el bienestar animal, el uso eficiente del agua o la selección responsable de materias primas.
En este contexto, el cooperativismo lácteo español pretende posicionarse como un modelo de producción alineado con los objetivos climáticos de la Unión Europea para 2030, demostrando que la ganadería puede avanzar hacia modelos más sostenibles mediante innovación y mejora continua.
El reto ahora será mantener este ritmo de transformación en un escenario marcado por la presión regulatoria, el aumento de costes y la necesidad de garantizar la rentabilidad de las explotaciones ganaderas.
Referencias
