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La ganadería extensiva como sumidero de carbono

La ganadería extensiva en la dehesa extremeña actúa como sumidero de carbono y reduce su impacto climático

  • Un estudio científico desmonta la visión tradicional de las emisiones ganaderas y apunta a que los sistemas extensivos bien gestionados pueden tener un balance climático neutro o incluso positivo

La ganadería extensiva en la dehesa extremeña podría tener un papel mucho más relevante del que se le ha atribuido hasta ahora en la lucha contra el cambio climático. Un estudio desarrollado por la Universidad de Extremadura y publicado en la revista científica Nature Communications concluye que estos sistemas tradicionales no solo emiten gases de efecto invernadero, sino que también son capaces de capturar carbono y compensar parte de esas emisiones, situándose en algunos casos en un equilibrio cercano a la neutralidad climática.

La investigación se ha centrado en la dehesa extremeña, un ecosistema agroforestal único en Europa caracterizado por la presencia de encinas y alcornoques dispersos junto a pastizales utilizados para el pastoreo de ganado ovino, vacuno e ibérico. Este sistema, fruto de siglos de interacción entre actividad humana y medio natural, ha sido tradicionalmente considerado un modelo de sostenibilidad, aunque ahora la ciencia aporta datos más precisos sobre su comportamiento climático.

El trabajo analiza de forma integral la huella de carbono del sistema, teniendo en cuenta tanto las emisiones generadas por el ganado, principalmente metano procedente de la digestión, como las emisiones asociadas al manejo del suelo y a la gestión de los pastos, pero también incorpora por primera vez de forma detallada la capacidad del ecosistema para actuar como sumidero de carbono. En este sentido, los investigadores destacan que los suelos de la dehesa tienen una elevada capacidad de almacenamiento de carbono orgánico, especialmente cuando se mantienen prácticas de manejo extensivo con baja intensificación y mínima alteración del terreno.

Uno de los resultados más relevantes del estudio es que, cuando se realiza un balance completo del sistema, la ganadería extensiva en la dehesa puede presentar un equilibrio de emisiones cercano a cero e incluso en algunos casos un balance positivo de captura de carbono, lo que supone un cambio significativo respecto a las estimaciones tradicionales que se centraban únicamente en las emisiones del ganado sin considerar el conjunto del ecosistema.

Los autores subrayan que el papel del manejo es determinante en estos resultados, ya que la baja carga ganadera, el aprovechamiento de recursos naturales sin insumos externos intensivos, la presencia del arbolado y la conservación de la estructura del suelo favorecen la capacidad del sistema para retener carbono. Además, el pastoreo contribuye a mantener la cobertura vegetal, reducir el riesgo de incendios forestales y preservar la biodiversidad, lo que refuerza su valor ambiental más allá de la producción ganadera.

El estudio también plantea implicaciones relevantes para las políticas climáticas y agrarias, ya que advierte de que la evaluación de la ganadería desde un enfoque único de emisiones puede conducir a interpretaciones incompletas. En este sentido, los investigadores defienden que no todos los sistemas ganaderos tienen el mismo impacto ambiental y que los modelos extensivos como la dehesa deberían diferenciarse claramente de los sistemas intensivos en las estrategias de reducción de emisiones.

Asimismo, la investigación abre el debate sobre la necesidad de mejorar las metodologías de cálculo de la huella de carbono en el sector agroganadero, incorporando de forma más precisa los procesos de secuestro de carbono en suelos y vegetación. Según el estudio, esta visión más amplia permitiría reflejar mejor la complejidad de los sistemas productivos y evitaría penalizar prácticas que, en determinados contextos, pueden ser ambientalmente beneficiosas.

En paralelo, el trabajo destaca el valor de la dehesa como sistema de producción sostenible en un contexto de cambio climático, despoblación rural y pérdida de biodiversidad. Los autores señalan que este modelo, basado en la coexistencia entre actividad ganadera y conservación del ecosistema, representa un ejemplo de equilibrio que podría ser clave en las estrategias de adaptación climática en regiones mediterráneas.

Los ganaderos de la dehesa desempeñan un papel fundamental como gestores activos y preservadores de este ecosistema agroforestal único, mucho más allá de su función productiva. Su labor cotidiana contribuye de forma directa al mantenimiento del equilibrio entre el ganado, el suelo y la vegetación, favoreciendo la conservación de especies emblemáticas como la encina y el alcornoque.

A través del manejo extensivo del pastoreo, la limpieza natural del matorral y la regulación de la carga ganadera, ayudan a prevenir la degradación del terreno y a reducir el riesgo de incendios forestales. Además, en muchas explotaciones se realizan acciones de reforestación y reposición de arbolado, esenciales para garantizar la continuidad del sistema a largo plazo.

En los últimos años, su papel ha sido también clave en la lucha contra la denominada “seca”, Phytophthora cinnamomi, una enfermedad compleja que afecta a las encinas y alcornoques, mediante labores de vigilancia, saneamiento del arbolado y colaboración con técnicos y administraciones. De este modo, la ganadería extensiva no solo produce alimentos de calidad, sino que actúa como un elemento esencial en la conservación y resiliencia de la dehesa frente a los desafíos ambientales actuales.

No obstante, los investigadores advierten de que la continuidad de este equilibrio depende de la preservación del modelo extensivo tradicional, ya que la intensificación de la producción o el abandono del territorio podrían alterar la capacidad del sistema para actuar como sumidero de carbono. En este sentido, la dehesa no solo se presenta como un sistema productivo, sino también como un patrimonio ecológico cuya gestión condicionará su contribución futura a la sostenibilidad ambiental.

El estudio concluye que la ganadería extensiva en la dehesa extremeña no debe entenderse únicamente como una fuente de emisiones, sino como un sistema complejo en el que producción y medio ambiente están estrechamente vinculados, y en el que, bajo determinadas condiciones, la actividad ganadera puede formar parte de la solución frente al cambio climático.

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