El uso de lana como acolchado del suelo mejora la retención de agua, estabiliza la temperatura y aumenta la productividad en cultivos
- Un estudio desarrollado en España demuestra que el uso de lana como acolchado del suelo mejora la retención de agua, estabiliza la temperatura y aumenta la productividad en cultivos como el olivar, abriendo nuevas oportunidades para el sector ovino.
La reutilización de la lana de oveja, tradicionalmente considerada un subproducto de escaso valor, está ganando protagonismo como herramienta innovadora en agricultura. Una investigación desarrollada en la Universitat Politècnica de Catalunya ha evidenciado que este material puede mejorar significativamente las propiedades del suelo y aumentar la resiliencia de los cultivos frente a la sequía.
El estudio, centrado en el uso de lana como acolchado agrícola (mulching), plantea una solución basada en la economía circular que conecta directamente el sector ganadero con el agrícola, aportando valor añadido a un residuo que en muchos casos supone un coste para los productores.
Un material natural con alto potencial agronómico
La investigación demuestra que la lana de oveja posee características físicas y químicas especialmente útiles para la agricultura. Su estructura permite absorber y retener hasta un 30 % de su peso en agua, lo que reduce la evaporación y mejora la disponibilidad hídrica para las plantas.
Además, actúa como aislante térmico natural, estabilizando la temperatura del suelo tanto en verano como en invierno. Este efecto reduce el estrés hídrico y térmico de los cultivos, especialmente relevante en zonas mediterráneas afectadas por episodios recurrentes de sequía.
A nivel nutricional, la lana también funciona como un fertilizante orgánico de liberación lenta, ya que durante su descomposición aporta nutrientes esenciales como nitrógeno, fósforo, potasio y micronutrientes, mejorando progresivamente la fertilidad del suelo.
Ensayos en olivar y cultivos hortícolas
Los ensayos realizados en España han permitido validar estos efectos en condiciones reales de cultivo. En una finca de olivar, la aplicación de lana como cobertura en el suelo mostró mayores niveles de humedad y una temperatura más estable en comparación con parcelas sin acolchado.
Estos factores se tradujeron en un crecimiento más uniforme de los árboles y una menor necesidad de riego, aspectos clave en un contexto de escasez hídrica.
En cultivos hortícolas, como la lechuga, los resultados fueron igualmente relevantes: las parcelas con lana llegaron a permanecer hasta 25 días sin riego, superando el 50 % del ciclo del cultivo, y registraron un mayor peso en la cosecha final.
Eficiencia hídrica y agricultura regenerativa
Uno de los principales hallazgos del estudio es la mejora en la eficiencia del uso del agua. Los cultivos con acolchado de lana necesitaron menos agua por unidad de producción, lo que supone una ventaja competitiva en sistemas agrícolas cada vez más condicionados por la disponibilidad hídrica.
Además, este sistema se alinea con los principios de la agricultura regenerativa, al contribuir a la mejora de la estructura del suelo, aumentar la biodiversidad microbiana y reducir la necesidad de insumos externos como fertilizantes químicos o plásticos agrícolas.
Una oportunidad para el sector ovino
El uso agronómico de la lana también representa una oportunidad estratégica para el sector ganadero. En España, la lana ha perdido valor en los mercados textiles, hasta el punto de que en algunos casos los ganaderos deben asumir costes para su gestión.
Esta nueva aplicación permitiría revalorizar la lana como recurso agrícola, generando nuevas vías de ingresos y reforzando la sostenibilidad del sector ovino dentro de un modelo de economía circular.
Aplicaciones futuras en distintos cultivos
Aunque los ensayos se han centrado en olivar y hortícolas, los resultados abren la puerta a su uso en otros sistemas agrícolas como viñedos, almendros o cultivos extensivos, donde la conservación de la humedad del suelo es clave para mantener la productividad.
En un escenario marcado por el cambio climático, la escasez de agua y la necesidad de prácticas más sostenibles, la lana de oveja podría convertirse en una herramienta innovadora para mejorar la resiliencia de la agricultura española.
