El uso de dietas con mayor proporción de grano es una práctica habitual en vacuno lechero para cubrir las elevadas necesidades energéticas de las vacas de alta producción. Sin embargo, un nuevo estudio advierte de que este manejo nutricional puede tener consecuencias que van más allá del rumen.
El estudio se llevó a cabo con 14 vacas Holstein en mitad de la lactación, a las que se fue aumentando progresivamente la cantidad de maíz en la dieta hasta provocar un descenso del pH del rumen por debajo de 5,8 (valor considerado indicativo de acidosis).
A medida que avanzó este proceso, los investigadores observaron un incremento significativo en varios marcadores sanguíneos relacionados con la inflamación:
- Amiloide sérico A (SAA)
- Proteína C reactiva (CRP)
- Haptoglobina (Hp)
Este hallazgo es relevante porque confirma que el problema no se limita a un trastorno digestivo local.
Además de medir estos marcadores inflamatorios, el estudio analizó el perfil metabolómico del suero sanguíneo. Los autores identificaron 37 metabolitos significativamente diferentes entre vacas en situación normal y vacas con acidosis.
Desde un punto de vista práctico, uno de los aspectos más interesantes del trabajo es la identificación de dos posibles biomarcadores en sangre que podrían ayudar en el futuro a detectar de forma precoz alteraciones asociadas a la acidosis ruminal:
- D-glicerol-1-fosfato
- 4-hidroxipiridina
Aun así, los autores reconocen que, por ahora, este tipo de herramientas sigue estando más cerca del laboratorio que de la granja, por lo que será necesario validar estos resultados en más animales y desarrollar métodos más sencillos de aplicación.
| En conjunto, el estudio refuerza una idea clave para ganaderos y veterinarios: aumentar el grano en la ración puede ser útil para sostener la producción, pero hacerlo sin un equilibrio adecuado con la fibra y sin una transición bien controlada puede tener un coste sanitario importante.
La acidosis ruminal no solo afecta al rumen, sino a todo el animal. |
