El estrés por calor no es un problema puntual del verano, sino un desafío prolongado para las granjas lecheras del área mediterránea.
El trabajo incluyó datos reproductivos, productivos y de composición de la leche entre 2021 y 2023.
Los investigadores clasificaron los meses según el índice temperatura-humedad (THI), diferenciando entre condiciones de:
- Riesgo mínimo de estrés por calor.
- Riesgo bajo de estrés por calor.
- Riesgo alto de estrés por calor.
En ambas granjas, los animales estuvieron expuestos a condiciones de alto riesgo, con THI igual o superior a 68, durante aproximadamente cuatro meses consecutivos al año, de junio a septiembre.
Los resultados muestran que las vacas en lactación fueron especialmente sensibles al aumento de la carga térmica.
El estudio también reveló una disminución de la tasa de inseminación durante los meses más cálidos.
Este dato podría estar relacionado con:
- Una menor expresión del celo.
- Una detección más difícil del celo.
- Cambios en el manejo durante los periodos de calor.
En las novillas, que no disponían de sistemas de refrigeración, la mayoría de los indicadores reproductivos se mantuvieron más estables, aunque también se detectó una menor tasa de inseminación en los meses de mayor riesgo térmico.
La producción de leche siguió un patrón estacional claro, con un pico en primavera y un descenso en verano.
También se observaron cambios en la composición de la leche cuando aumentaba el THI:
Aunque las granjas contaban con sistemas de ventilación y aspersión activados automáticamente cuando el THI superaba determinados umbrales, los resultados sugieren que estas medidas no siempre son suficientes para evitar el impacto del calor sobre la fertilidad y la productividad.
| Estos datos refuerzan la necesidad de integrar estrategias de refrigeración más eficaces, una detección del celo más precisa, ajustes nutricionales y criterios de selección orientados a una mayor tolerancia al calor. |
