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Fundamentos de nutrición terapéutica para rumiantes enfermos – Parte II

Escrito por: Kiro Risto Petrovski - Davies Livestock Research Centre, Universidad de Adelaida, Australia, Mariana Caetano - Davies Livestock Research Centre, Universidad de Adelaida, Australia, Roy Neville Kirkwood - Facultad de Ciencias Animales y Veterinarias, Universidad de Adelaida, Australia, Saulo Teixeira Rodrigues de Almeida - Facultad de Ciencias Agrarias y Veterinarias, Universidad Estatal Paulista Júlio de Mesquita Filho (FCAV, UNESP), Brasil
La nutrición terapéutica en rumiantes requiere trasladar el conocimiento fisiopatológico a decisiones prácticas.

En esta segunda parte se abordan los criterios para determinar la necesidad de intervención y las principales estrategias para su diseño e implementación clínica.

NECESIDAD DE INTERVENCIÓN NUTRICIONAL EN RUMIANTES ENFERMOS

La necesidad de intervención debe establecerse considerando:

La capacidad de evaluar el estado nutricional del paciente y la necesidad de dicha intervención.

La posibilidad de llevar a cabo toda la intervención de nutrición clínica manteniendo unos estándares mínimos de bienestar animal y sin comprometer aún más el estado del paciente.

El diagnóstico, pronóstico y valor económico del animal.

El volumen del aparato digestivo en rumiantes ofrece cierto efecto amortiguador frente a la demanda de ingesta regular,

Por lo que los adultos que consumen voluntariamente al menos el 80 % de sus requerimientos dietéticos no requieren una intervención inmediata y pueden permanecer sin alimento durante 36 a 98 h.

En casos de cambios fisiológicos y metabólicos severos, la nutrición terapéutica puede ser necesaria, por ejemplo:

DISEÑO DE UNA DIETA CLÍNICA PARA RUMIANTES ENFERMOS

Una vez establecida la necesidad de una intervención de nutrición terapéutica, deben considerarse los siguientes aspectos:

Requerimientos nutricionales.

Edad, condición corporal y peso vivo.

Grado de inapetencia y duración de la anorexia.

Tasa de crecimiento y nivel de actividad.

Puntuación locomotora.

Fase productiva y estado reproductivo.

Requerimientos nutricionales

El primer paso en la planificación de una intervención de nutrición terapéutica consiste en calcular los requerimientos nutricionales del rumiante enfermo, teniendo en cuenta que estos diferirán de los de un animal sano.

En rumiantes, los microorganismos del rumen desempeñan un papel clave en la recuperación, por lo que deben considerarse de forma específica en la nutrición clínica.

Requerimientos energéticos

En rumiantes enfermos, los requerimientos energéticos suelen aproximarse a los de mantenimiento, por lo que es fundamental estimar la energía neta de mantenimiento (ENm).

La ingesta no debería superar el 2–3 % del peso vivo en materia seca al día, ajustándose siempre al estado fisiológico, productivo y reproductivo del animal (por ejemplo, una vaca en lactación debe recibir suficiente energía para sostener la producción de leche).

La inclusión de grasa en la dieta, dentro de los límites que permitan mantener la funcionalidad ruminal (máximo 5–7 % de la materia seca total), puede aumentar la densidad energética y facilitar el cumplimiento de los requerimientos.

El rumiante enfermo reduce sus necesidades para crecimiento y producción, pero las incrementa por la respuesta inmunitaria.

En algunos casos, ambos efectos pueden compensarse, manteniéndose requerimientos similares a los previos, aunque pueden infraestimarse si disminuye la absorción o aumentan las pérdidas.

La tasa metabólica puede aumentar en un 5-13 % por cada grado de fiebre.

Tras la activación del sistema inmunitario, las necesidades energéticas de los leucocitos pueden incrementarse entre 2 y 3 veces por célula.

A partir de datos extrapolados de otras especies, se proponen los siguientes incrementos orientativos sobre la energía de mantenimiento:

Requerimientos proteicos

En rumiantes adultos con apetito normal y sin altas demandas productivas, los requerimientos de proteína se sitúan aproximadamente en 1-3 g/kg de peso vivo. En neonatos, estos requerimientos se estiman en 2-4 g/kg.

En rumiantes enfermos, es probable que estas necesidades estén aumentadas.

Se recomiendan proteínas de alta digestibilidad (como subproductos de destilería o harinas de soja o colza), incluidas en niveles que no alteren la función digestiva, debiendo considerarse:

Los terneros sometidos a estrés presentan requerimientos proteicos similares a los no estresados, pero, debido a la menor ingesta, la concentración de proteína en la dieta debe ser mayor.

Esta misma consideración es aplicable a terneros enfermos, que presentan una respuesta hipermetabólica con aumento de la excreción de nitrógeno.

Frecuencia y cantidad de las tomas

Al inicio de la intervención, el tamaño de las raciones debe ajustarse en función del estado del animal y de la gravedad del proceso.

El inicio de la alimentación debe ser progresivo, no siendo recomendable comenzar superando los requerimientos de mantenimiento, sino aumentando gradualmente la ingesta con el tiempo.

Para estimular la ingesta y evitar sobrecargar el aparato digestivo, se recomienda repartir la alimentación en 2–6 tomas diarias, ya que iniciar con niveles elevados puede favorecer la aparición de síndrome de realimentación.

Dado que la mayor parte de la dieta en rumiantes adultos es forraje, puede existir una limitación en la cantidad administrada por toma. En dietas líquidas, cada toma no debería superar 1,5 L por cada 100 kg de peso vivo.
Interacción fármaco-nutriente

En rumiantes enfermos que reciben tratamientos farmacológicos o suplementos, deben considerarse las posibles interacciones con los nutrientes de la dieta.

Estas interacciones pueden alterar la función, el metabolismo y la absorción de nutrientes y fármacos, reduciendo su eficacia o generando efectos adversos.

Estas interacciones pueden ser aún más relevantes en situaciones de alteración de la integridad intestinal, como en animales con úlceras o disbiosis ruminal, donde el uso de antiinflamatorios o antimicrobianos puede requerir ajustes en el manejo nutricional.

OPCIONES DE ADMINISTRACIÓN DE LA DIETA EN NUTRICIÓN TERAPÉUTICA

Debe priorizarse la ingesta voluntaria de la dieta habitual, incorporando ingredientes correctores sin alterar su aceptación.

Cuando esto no sea posible, las modificaciones en la composición de la dieta requerirán una adaptación de la microbiota ruminal y del propio rumen, lo que puede retrasar el efecto deseado y la recuperación.

En función de la causa subyacente, pueden aplicarse ajustes para mejorar la palatabilidad de la dieta, como el picado fino de los alimentos o su humectación en animales con dolor oral o faríngeo.

Las vías de administración pueden combinarse (Tabla 1). Por ejemplo, un animal con apetito parcialmente conservado puede requerir el apoyo de una vía enteral o parenteral.

La elección de la vía de administración debe individualizarse en función de distintos factores:

Disponibilidad de equipamiento instalaciones y nutrientes

Viabilidad de aplicar la intervención

Limitaciones de tiempo

Funcionalidad, salud e integridad del aparato digestivo

Duración y gravedad del proceso

Tipo de enfermedad (por ejemplo, inapetencia o anorexia)

Características del animal (como la edad) (Figura 1).

En algunos casos, especialmente en rumiantes neonatos, puede ser necesario iniciar o apoyar la nutrición mediante vía parenteral, que deberá sustituirse o complementarse progresivamente con la vía oral o enteral en cuanto sea posible.

Aunque el coste es un factor determinante en la elección de la vía de administración, los cambios en el contexto socioeconómico y el aumento del número de rumiantes mantenidos como animales de compañía pueden hacer necesario considerar, en determinados casos, un enfoque más individualizado.

Nutrición oral

El forraje, especialmente la hierba fresca, suele ser el alimento mejor aceptado.

No obstante, muchos rumiantes son alimentados con una proporción significativa de componentes no forrajeros y, por tanto, la recomendación general de proporcionar forraje de alta calidad puede no ser adecuada.

La dieta ideal sería aquella a la que el animal está acostumbrado.

Para cada tipo de alteración en la fisiología del rumiante, existen estrategias dietéticas específicas que pueden ayudar a mantener la ingesta voluntaria (Tabla 2).

Consejos maximizar la palatabilidad y consumo de la dieta ofrecida

Nutrición oral en la etapa pre-rumiante

Los neonatos rumiantes activos y alertas, con reflejo de succión conservado y funcionalidad e integridad al menos parcial del sistema digestivo, deben recibir leche de la madre, mediante biberón con tetina o cubo, según su manejo nutricional habitual.

Cuando la leche materna es limitada o no está disponible, se recomienda proporcionar leche de otra hembra lactante de la misma especie durante todo el periodo neonatal.

Si no se dispone de leche, puede ser necesario considerar la introducción cuidadosa de un sustituto lácteo adecuado.

La evidencia científica ha refutado que deba retirarse la leche en terneros con diarrea, no debiendo suspenderse más de 12 h (máximo 24 h).
Nutrición oral en la etapa pre-rumiante

Cuando existe deshidratación, esta debe corregirse mediante terapia de reposición oral de fluidos y electrolitos.

El uso de bicarbonato no está contraindicado, y se prefieren soluciones con aniones metabolizables (como acetato o lactato) por mejorar la absorción de sodio.

Nutrición enteral

Cuando un rumiante enfermo no es capaz de mantener una ingesta suficiente, pero conserva una digestión y absorción funcionales, la alimentación enteral (incluyendo la alimentación ruminal) se convierte en una herramienta necesaria.

En estos casos, la dieta debería, idealmente (por orden de preferencia), presentarse humedecida, finamente picada o en forma líquida

Las opciones de administración incluyen:

Preparación de la dieta

Para la preparación de dietas, la ración habitual del animal puede triturarse y diluirse en agua hasta alcanzar una consistencia tipo papilla que permita su administración (aproximadamente 3–5 L de agua por kg de dieta).

Cuando no se dispone de la dieta habitual, las raciones completas en pellets trituradas constituyen una alternativa práctica y económica, aunque en animales no habituados pueden aumentar el riesgo de trastornos digestivos, de forma similar a dietas ricas en concentrados.

Las dietas comerciales suelen ser costosas y poco adaptadas a rumiantes. Por ello, en situaciones excepcionales, puede considerarse la administración de nutrientes elementales (aminoácidos, carbohidratos o péptidos).

Dado que la reducción del tamaño de partícula disminuye la rumia y la producción de saliva, puede ser necesario el uso de tampones para mantener el pH ruminal.

Además, el ayuno prolongado altera la microbiota ruminal y favorece la aparición de indigestión, por lo que uno de los principales objetivos de la nutrición enteral debe ser la restauración rápida de la función de los preestómagos.

Transfaunación

La transfaunación constituye una estrategia eficaz para restablecer la función ruminal en animales con alteraciones digestivas, habiendo demostrado utilidad como terapia de soporte en múltiples procesos digestivos y metabólicos, como anorexia, indigestión, cetosis o acidosis ruminal.

Este procedimiento transfiere microorganismos, nutrientes y ácidos grasos volátiles.

El líquido ruminal puede obtenerse a partir de animales vivos o en matadero y, en la mayoría de los casos, una única transfaunación suele ser suficiente.

Nutrición enteral en la etapa pre-rumiante

En neonatos, la intervención inicial debe centrarse en la corrección de la deshidratación, los desequilibrios electrolíticos y la acidosis metabólica mediante la administración de fluidos y electrolitos por vía oral y/o parenteral.

El objetivo es aportar al menos el 10 % del peso vivo en leche al día, repartido en varias tomas, comenzando con volúmenes reducidos que se incrementan progresivamente.

La administración debe realizarse, preferentemente, mediante amamantamiento, biberón con tetina o cubo, reservando la sonda enteral para casos en los que el animal no pueda alimentarse por sí mismo.

Nutrición parenteral

Cuando existe disfunción del sistema digestivo o incapacidad de digerir y absorber nutrientes debido a anorexia prolongada (0,5–1 días en neonatos y >3–4 días en adultos), la nutrición parenteral intravenosa se convierte en una opción necesaria, pudiendo ser:

Para la nutrición parenteral deben emplearse soluciones comerciales correctamente formuladas (Tabla 3) y garantizar cuidados de soporte adecuados.

La nutrición parenteral requiere soluciones adecuadamente formuladas (Tabla 3), administración mediante línea exclusiva y un ajuste progresivo tanto de la velocidad de infusión como de la composición, para evitar complicaciones metabólicas.

Su retirada también debe ser gradual para prevenir efectos adversos como hipoglucemia de rebote.

La glucosa y los lípidos actúan como principales fuentes energéticas, evitando la necesidad de usar aminoácidos como sustrato y favoreciendo la reparación tisular. La proporción de lípidos debe ajustarse según el estado del animal, especialmente en presencia de alteraciones hepáticas.

El principal riesgo de la nutrición parenteral es la sepsis, por lo que la manipulación debe realizarse bajo estrictas condiciones de asepsia, siendo imprescindible una monitorización estrecha que incluya:

Revisión frecuente del punto de inserción del catéter.

Controles hematológicos diarios.

Evaluación de parámetros metabólicos como peso corporal, equilibrio electrolítico, función renal y hepática, estado de hidratación y niveles de glucosa.

Deben vigilarse posibles complicaciones como lipemia, glucosuria, proteinuria o síndrome de realimentación, siendo especialmente relevantes alteraciones como hipopotasemia, hipomagnesemia e hipofosfatemia.

FARMACONUTRICIÓN EN RUMIANTES ENFERMOS

La farmaconutrición se centra en el uso de nutrientes en dosis farmacológicas para modular la función inmunitaria y mejorar los resultados clínicos.

Entre los más utilizados destacan la arginina, la glutamina, los ácidos grasos omega-3 y el selenio, empleados como coadyuvantes terapéuticos o suplementos específicos.

Sin embargo, la evidencia disponible en rumiantes es limitada y procede principalmente de estudios en humanos (Tabla 4).

Además, tras su administración oral, muchos de estos compuestos son fermentados en el rumen, lo que limita su eficacia potencial, por lo que su aplicabilidad en rumiantes aún debe confirmarse.

Estos compuestos deben considerarse como un complemento, no como un sustituto, de la nutrición terapéutica.

PERSPECTIVAS DE FUTURO

El manejo y la nutrición de los rumiantes evolucionarán progresivamente hacia enfoques transformadores basados en Big Data, monitorización en tiempo real y tecnologías de precisión.

En este contexto, la nutrición de precisión busca ajustar las dietas a las necesidades específicas de cada animal en función de su estado productivo y reproductivo, la fase del ciclo productivo, las condiciones ambientales y su estado sanitario.

Apoyada en sistemas de alimentación inteligentes, la nutrición de precisión presenta un doble beneficio:

1. Permite cubrir de forma más exacta los requerimientos nutricionales.

2. Contribuye a reducir el desperdicio de nutrientes y el impacto ambiental, disminuyendo los costes, la necesidad de mano de obra y el riesgo de errores humanos.

No obstante, su aplicación generalizada en rumiantes aún es limitada debido a los costes actuales y al tiempo necesario para obtener resultados, lo que dificulta la implementación de estrategias nutricionales altamente individualizadas en condiciones prácticas.
CONCLUSIONES

Las intervenciones de nutrición terapéutica deben basarse en el conocimiento de la fisiología normal y alterada, así como de los posibles cambios morfológicos asociados a la enfermedad.

La utilización de nutrientes depende en gran medida de la microbiota ruminal, por lo que su salud debe preservarse.

Siempre que sea viable, la dieta debe administrarse por vía oral, siendo la alimentación ruminal una alternativa intermedia, mientras que las vías enteral directa y parenteral deben considerarse como últimas opciones.

El éxito de la intervención puede evaluarse mediante la mejora del apetito, el comportamiento y el estado sanitario del animal.

Es necesario continuar investigando para definir con mayor precisión los requerimientos nutricionales de los rumiantes enfermos y optimizar las estrategias de intervención.

Artículo traducido y adaptado de: Teixeira Rodrigues de Almeida, S.; Caetano, M.; Kirkwood, R.N.; Petrovski, K.R. The Basics of Clinical Nutrition for Compromised Ruminants—A Narrative Review. Ruminants 2025, 5, 51.

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