| La nutrición terapéutica en rumiantes requiere trasladar el conocimiento fisiopatológico a decisiones prácticas.
En esta segunda parte se abordan los criterios para determinar la necesidad de intervención y las principales estrategias para su diseño e implementación clínica. |
| NECESIDAD DE INTERVENCIÓN NUTRICIONAL EN RUMIANTES ENFERMOS |
La necesidad de intervención debe establecerse considerando:
| El volumen del aparato digestivo en rumiantes ofrece cierto efecto amortiguador frente a la demanda de ingesta regular,
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En casos de cambios fisiológicos y metabólicos severos, la nutrición terapéutica puede ser necesaria, por ejemplo:
| DISEÑO DE UNA DIETA CLÍNICA PARA RUMIANTES ENFERMOS |
Una vez establecida la necesidad de una intervención de nutrición terapéutica, deben considerarse los siguientes aspectos:
| Requerimientos nutricionales
El primer paso en la planificación de una intervención de nutrición terapéutica consiste en calcular los requerimientos nutricionales del rumiante enfermo, teniendo en cuenta que estos diferirán de los de un animal sano. En rumiantes, los microorganismos del rumen desempeñan un papel clave en la recuperación, por lo que deben considerarse de forma específica en la nutrición clínica. |
Requerimientos energéticos
En rumiantes enfermos, los requerimientos energéticos suelen aproximarse a los de mantenimiento, por lo que es fundamental estimar la energía neta de mantenimiento (ENm).
El rumiante enfermo reduce sus necesidades para crecimiento y producción, pero las incrementa por la respuesta inmunitaria.
| En algunos casos, ambos efectos pueden compensarse, manteniéndose requerimientos similares a los previos, aunque pueden infraestimarse si disminuye la absorción o aumentan las pérdidas.
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A partir de datos extrapolados de otras especies, se proponen los siguientes incrementos orientativos sobre la energía de mantenimiento:
| Requerimientos proteicos
En rumiantes adultos con apetito normal y sin altas demandas productivas, los requerimientos de proteína se sitúan aproximadamente en 1-3 g/kg de peso vivo. En neonatos, estos requerimientos se estiman en 2-4 g/kg. Se recomiendan proteínas de alta digestibilidad (como subproductos de destilería o harinas de soja o colza), incluidas en niveles que no alteren la función digestiva, debiendo considerarse:
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Frecuencia y cantidad de las tomas
Al inicio de la intervención, el tamaño de las raciones debe ajustarse en función del estado del animal y de la gravedad del proceso.
El inicio de la alimentación debe ser progresivo, no siendo recomendable comenzar superando los requerimientos de mantenimiento, sino aumentando gradualmente la ingesta con el tiempo.
| Interacción fármaco-nutriente
En rumiantes enfermos que reciben tratamientos farmacológicos o suplementos, deben considerarse las posibles interacciones con los nutrientes de la dieta. |
| OPCIONES DE ADMINISTRACIÓN DE LA DIETA EN NUTRICIÓN TERAPÉUTICA |
Debe priorizarse la ingesta voluntaria de la dieta habitual, incorporando ingredientes correctores sin alterar su aceptación.
| Cuando esto no sea posible, las modificaciones en la composición de la dieta requerirán una adaptación de la microbiota ruminal y del propio rumen, lo que puede retrasar el efecto deseado y la recuperación.
Las vías de administración pueden combinarse (Tabla 1). Por ejemplo, un animal con apetito parcialmente conservado puede requerir el apoyo de una vía enteral o parenteral. |
La elección de la vía de administración debe individualizarse en función de distintos factores:
En algunos casos, especialmente en rumiantes neonatos, puede ser necesario iniciar o apoyar la nutrición mediante vía parenteral, que deberá sustituirse o complementarse progresivamente con la vía oral o enteral en cuanto sea posible.
| Aunque el coste es un factor determinante en la elección de la vía de administración, los cambios en el contexto socioeconómico y el aumento del número de rumiantes mantenidos como animales de compañía pueden hacer necesario considerar, en determinados casos, un enfoque más individualizado. |
Nutrición oral
El forraje, especialmente la hierba fresca, suele ser el alimento mejor aceptado.
No obstante, muchos rumiantes son alimentados con una proporción significativa de componentes no forrajeros y, por tanto, la recomendación general de proporcionar forraje de alta calidad puede no ser adecuada.
| La dieta ideal sería aquella a la que el animal está acostumbrado. |
Para cada tipo de alteración en la fisiología del rumiante, existen estrategias dietéticas específicas que pueden ayudar a mantener la ingesta voluntaria (Tabla 2).
Consejos maximizar la palatabilidad y consumo de la dieta ofrecida
Nutrición oral en la etapa pre-rumiante
| La evidencia científica ha refutado que deba retirarse la leche en terneros con diarrea, no debiendo suspenderse más de 12 h (máximo 24 h). |
| Nutrición oral en la etapa pre-rumiante
El uso de bicarbonato no está contraindicado, y se prefieren soluciones con aniones metabolizables (como acetato o lactato) por mejorar la absorción de sodio. |
Nutrición enteral
Cuando un rumiante enfermo no es capaz de mantener una ingesta suficiente, pero conserva una digestión y absorción funcionales, la alimentación enteral (incluyendo la alimentación ruminal) se convierte en una herramienta necesaria.
Las opciones de administración incluyen:
| Preparación de la dieta
Las dietas comerciales suelen ser costosas y poco adaptadas a rumiantes. Por ello, en situaciones excepcionales, puede considerarse la administración de nutrientes elementales (aminoácidos, carbohidratos o péptidos). |
Además, el ayuno prolongado altera la microbiota ruminal y favorece la aparición de indigestión, por lo que uno de los principales objetivos de la nutrición enteral debe ser la restauración rápida de la función de los preestómagos.
Transfaunación
La transfaunación constituye una estrategia eficaz para restablecer la función ruminal en animales con alteraciones digestivas, habiendo demostrado utilidad como terapia de soporte en múltiples procesos digestivos y metabólicos, como anorexia, indigestión, cetosis o acidosis ruminal.
El líquido ruminal puede obtenerse a partir de animales vivos o en matadero y, en la mayoría de los casos, una única transfaunación suele ser suficiente.
Nutrición enteral en la etapa pre-rumiante
En neonatos, la intervención inicial debe centrarse en la corrección de la deshidratación, los desequilibrios electrolíticos y la acidosis metabólica mediante la administración de fluidos y electrolitos por vía oral y/o parenteral.
| El objetivo es aportar al menos el 10 % del peso vivo en leche al día, repartido en varias tomas, comenzando con volúmenes reducidos que se incrementan progresivamente.
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Nutrición parenteral
Cuando existe disfunción del sistema digestivo o incapacidad de digerir y absorber nutrientes debido a anorexia prolongada (0,5–1 días en neonatos y >3–4 días en adultos), la nutrición parenteral intravenosa se convierte en una opción necesaria, pudiendo ser:
Para la nutrición parenteral deben emplearse soluciones comerciales correctamente formuladas (Tabla 3) y garantizar cuidados de soporte adecuados.
Su retirada también debe ser gradual para prevenir efectos adversos como hipoglucemia de rebote.
| La glucosa y los lípidos actúan como principales fuentes energéticas, evitando la necesidad de usar aminoácidos como sustrato y favoreciendo la reparación tisular. La proporción de lípidos debe ajustarse según el estado del animal, especialmente en presencia de alteraciones hepáticas. |
| El principal riesgo de la nutrición parenteral es la sepsis, por lo que la manipulación debe realizarse bajo estrictas condiciones de asepsia, siendo imprescindible una monitorización estrecha que incluya:
Revisión frecuente del punto de inserción del catéter. Controles hematológicos diarios. Evaluación de parámetros metabólicos como peso corporal, equilibrio electrolítico, función renal y hepática, estado de hidratación y niveles de glucosa. |
| Deben vigilarse posibles complicaciones como lipemia, glucosuria, proteinuria o síndrome de realimentación, siendo especialmente relevantes alteraciones como hipopotasemia, hipomagnesemia e hipofosfatemia. |
| FARMACONUTRICIÓN EN RUMIANTES ENFERMOS |
La farmaconutrición se centra en el uso de nutrientes en dosis farmacológicas para modular la función inmunitaria y mejorar los resultados clínicos.
Entre los más utilizados destacan la arginina, la glutamina, los ácidos grasos omega-3 y el selenio, empleados como coadyuvantes terapéuticos o suplementos específicos.
Sin embargo, la evidencia disponible en rumiantes es limitada y procede principalmente de estudios en humanos (Tabla 4).
Además, tras su administración oral, muchos de estos compuestos son fermentados en el rumen, lo que limita su eficacia potencial, por lo que su aplicabilidad en rumiantes aún debe confirmarse.
| Estos compuestos deben considerarse como un complemento, no como un sustituto, de la nutrición terapéutica. |
| PERSPECTIVAS DE FUTURO |
El manejo y la nutrición de los rumiantes evolucionarán progresivamente hacia enfoques transformadores basados en Big Data, monitorización en tiempo real y tecnologías de precisión.
Apoyada en sistemas de alimentación inteligentes, la nutrición de precisión presenta un doble beneficio:
1. Permite cubrir de forma más exacta los requerimientos nutricionales.
2. Contribuye a reducir el desperdicio de nutrientes y el impacto ambiental, disminuyendo los costes, la necesidad de mano de obra y el riesgo de errores humanos.
| CONCLUSIONES |
Las intervenciones de nutrición terapéutica deben basarse en el conocimiento de la fisiología normal y alterada, así como de los posibles cambios morfológicos asociados a la enfermedad.
| Siempre que sea viable, la dieta debe administrarse por vía oral, siendo la alimentación ruminal una alternativa intermedia, mientras que las vías enteral directa y parenteral deben considerarse como últimas opciones.
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Artículo traducido y adaptado de: Teixeira Rodrigues de Almeida, S.; Caetano, M.; Kirkwood, R.N.; Petrovski, K.R. The Basics of Clinical Nutrition for Compromised Ruminants—A Narrative Review. Ruminants 2025, 5, 51.
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