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11 Mar 2026

Hacia una visión equilibrada de la ganadería: promoción de los beneficios de los sistemas de pastizales para la producción cárnica



AUTOR

Jean-François Hocquette

INRAE, Universidad Clermont Auvergne, VetAgro Sup, UMR Herbivores, Francia Asociación Francesa de Zootecnia, AgroParisTech, Francia

Jean-Louis Peyraud

INRAE, Institut Agro, UMR PEGASE, Francia

UN DEBATE POLARIZADO FRENTE A UNA REALIDAD COMPLEJA

Los debates contemporáneos sobre la ganadería y consumo de carne suelen estar dominados por una interpretación ambiental negativa y exagerada, ampliamente difundida desde la publicación en 2006 del informe de la FAO Livestock’s Long Shadow.

Se suelen esgrimir como argumentos centrales a favor de una reducción drástica de la producción animal —o incluso de su sustitución por alternativas vegetales o cultivadas en laboratorio— los siguientes puntos:

Las emisiones de metano asociadas a los rumiantes.
La deforestación vinculada al cultivo de soja para alimentación animal.
La competencia entre alimentación animal y alimentación humana.
La elevada huella hídrica atribuida a la carne de vacuno.

Este enfoque resulta caricaturesco, carece de matices y sigue siendo parcial.

Tiende a aislar o utilizar de forma inadecuada determinados indicadores (gases de efecto invernadero, consumo de agua, rendimiento proteico) sin integrar todas las dimensiones ecológicas, agronómicas, económicas, sociales y culturales de la ganadería.

El artículo de Peyraud y Hocquette (2025) propone superar esta visión fragmentada y ofrecer una interpretación multidimensional, matizada y equilibrada, que tenga en cuenta no solo los impactos negativos, sino también los servicios ecosistémicos y sociales que proporcionan los sistemas ganaderos, especialmente los basados en pastizales.

HUELLA DE CARBONO: UN INDICADOR QUE REQUIERE MATICES

La ganadería forma parte del balance global de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Según estimaciones recientes de la FAO, se le atribuye alrededor del 12 % de las emisiones antropogénicas a escala mundial.

Dentro de este conjunto, el ganado bovino representa la principal contribución, en gran medida asociada a las emisiones de metano procedentes de la fermentación entérica.

No obstante, varios elementos invitan a la cautela al interpretar estas cifras:

Es importante destacar que los sistemas basados en pastizales se asocian al secuestro de carbono en los suelos de pastos permanentes. Estos suelos, ricos en materia orgánica, pueden compensar una parte significativa de las emisiones de los rumiantes.

Sin embargo, este efecto de almacenamiento se integra de manera insuficiente en la contabilidad estándar del carbono, lo que conduce a una sobreestimación de la huella neta de los sistemas ganaderos basados en pastos.

EFICIENCIA PROTEICA: ¿UNA COMPETENCIA EXAGERADA?

Con frecuencia se afirma que producir 1 kg de proteína animal requiere una media de 6 kg o más de proteína vegetal, lo que sugeriría una ineficiencia biológica estructural de la ganadería.

Sin embargo, este razonamiento se basa en un indicador engañoso, ya que contabiliza todas las proteínas vegetales consumidas por los animales, incluidas aquellas que no son comestibles para el ser humano.

A nivel mundial, aproximadamente el 86 % de las proteínas consumidas por los animales de granja no son aptas para el consumo humano, ya que proceden de recursos que las personas no pueden ingerir: pastos, cultivos forrajeros y subproductos agrícolas (tortas de oleaginosas, salvados, granos de destilería, pulpas).

Los rumiantes, en particular, convierten recursos vegetales no cultivables en alimentos (leche y carne).

Si se consideran únicamente las proteínas vegetales realmente comestibles para el ser humano, los rumiantes utilizan, de media, 0,6 kg de proteína vegetal comestible para producir 1 kg de proteína animal (con amplias variaciones según el sistema).

En consecuencia, algunos sistemas de vacuno basados en pastizales pueden incluso ser productores netos de proteína comestible para el ser humano.

La ganadería aparece así no como un simple competidor de la alimentación humana, sino como un convertidor de biomasa no comestible en alimentos de alto valor nutricional.

HUELLA HÍDRICA: CONFUSIÓN ENTRE AGUA VERDE Y AGUA AZUL

Las cifras llamativas que se citan con frecuencia (hasta 15.000 L de agua/kg de carne de vacuno) se basan en la metodología de la Water Footprint Network, que incluye:

En el caso de los rumiantes, el 90–95 % de la huella corresponde a agua verde (lluvia sobre pastizales), que se evaporaría igualmente en ausencia de ganado, por lo que considerarla “consumo” problemático resulta cuestionable.

La cuestión central concierne al agua azul cuyo consumo se estima en aproximadamente:

510 L/kg para carne de vacuno
490 L/kg para porcino
313 L/kg para pollos
86 L/kg para producción de leche

En zonas con estrés hídrico, el riego de cultivos destinados a alimentación animal puede competir con otros usos. Sin embargo, en regiones templadas y húmedas, los sistemas ganaderos basados en pastos dependen principalmente de la lluvia y ejercen una presión limitada sobre los recursos hídricos.

SERVICIOS ECOSISTÉMICOS INFRAVALORADOS DE LA GANADERÍA

Mientras que los impactos negativos están ampliamente documentados, los servicios que aporta la ganadería reciben mucha menos atención. Entre ellos se encuentran:

La valorización de tierras marginales
El mantenimiento de la fertilidad del suelo
El desarrollo de una agricultura circular
Las contribuciones socioeconómicas y culturales

A escala global, de los 5.000 millones de hectáreas de tierras agrícolas, 3.500 millones son pastizales y una parte considerable (1.300 millones de hectáreas) no es apta para el cultivo.

Los rumiantes permiten producir carne y leche en estas superficies sin competir con cultivos destinados al consumo humano.

Eliminar la ganadería supondría abandonar estas zonas o convertir tierras arables, con el consiguiente riesgo de pérdida de biodiversidad y emisiones asociadas al cambio de uso del suelo.

Los suelos bajo los pastos permanentes almacenan más carbono que los suelos cultivados y su conversión en tierras de cultivo liberaría cantidades significativas de CO₂.

La especialización territorial extrema (zonas de ganadería intensiva separadas de zonas cerealistas) ha roto los ciclos naturales de nutrientes, pero reintegrar cultivos y ganado permitiría:

Reciclar subproductos como alimento animal
Introducir leguminosas fijadoras de nitrógeno
Diversificar rotaciones
Reducir las importaciones de soja

Los sistemas integrados agricultura-ganadería constituyen, por tanto, una vía prometedora para reforzar la autosuficiencia proteica, reducir emisiones y restaurar ciclos biogeoquímicos.

EL INNEGABLE PAPEL SOCIOECONÓMICO Y CULTURAL DE LA GANADERÍA

La ganadería proporciona sustento a 1.300 millones de personas en todo el mundo y sostiene aproximadamente a 1.000 millones de personas pobres en países en desarrollo.

Representa hasta el 40 % del PIB agrícola en partes de África y Asia del Sur, pero también en Europa.

Más allá de lo económico, la carne ocupa un lugar central en tradiciones culinarias, rituales y patrimonio cultural, ya que, desde la domesticación en el Neolítico, la relación entre humanos y animales ha modelado la organización social y las identidades colectivas.

Los beneficios e impactos de la ganadería no pueden resumirse en un único indicador, sino que se requiere un enfoque de “paquete de servicios” que permita evaluar simultáneamente:

La producción de carne y leche
Los impactos ambientales (positivos y negativos)
El empleo
La dependencia de insumos
Las dimensiones sociales y culturales

Este enfoque pone de manifiesto la necesidad de encontrar el equilibrio entre beneficios e inconvenientes. Por ejemplo:

Los sistemas extensivos basados en pastos ofrecen mayores servicios ambientales y culturales, pero pueden presentar una mayor huella de carbono por kg de producto. Los sistemas intensivos producen más por hectárea y con menor intensidad de carbono por unidad, pero generan presiones locales (contaminación, bienestar animal) y mayor dependencia de insumos.

Ningún modelo es perfecto y el desafío consiste en gestionar mejor ese equilibrio en lugar de caricaturizar la oposición entre sistemas intensivos y extensivos.

SUSTITUTOS DE LA CARNE: ¿SOLUCIÓN O ILUSIÓN?

Las alternativas vegetales pueden presentar una huella ambiental inferior a la de la carne de vacuno, pero persisten debates sobre su valor nutricional y su grado de procesamiento.

La opción más disruptiva es la carne cultivada a partir de células animales en biorreactores.

Aunque se presenta como una solución a los problemas climáticos y éticos, subsisten importantes incertidumbres:

Evaluaciones ambientales controvertidas
Posible elevada demanda energética
Dependencia de medios de cultivo complejos
Cuestiones sanitarias, nutricionales y sensoriales aún no resueltas
Debates regulatorios en curso

La aceptación social sigue siendo limitada y los consumidores muestran curiosidad, pero poca disposición a sustituir permanentemente la carne convencional.

El precio, la percepción de naturalidad y el sabor constituyen barreras importantes.

Incluso si estas alternativas se expandieran, no reemplazarían los servicios ecosistémicos proporcionados por la ganadería.

CONCLUSIÓN: EVOLUCIÓN MÁS QUE ELIMINACIÓN

Este análisis invita a superar las visiones reduccionistas que presentan la ganadería únicamente como un problema climático, ético o ambiental.

La clave no está en eliminar la actividad, sino en seguir evolucionando los sistemas productivos para hacerlos cada vez más eficientes, integrados y sostenibles.

La verdadera incoherencia ecológica reside en la separación artificial entre agricultura y ganadería, siendo crucial:

Reintegrar ambos componentes
Reforzar los sistemas basados en pastizales
Valorizar mejor los subproductos
Mejorar la eficiencia productiva respetando el medio ambiente y el bienestar animal
Reducir el desperdicio alimentario

Un mundo sin ganadería destinada a la producción de carne sería difícil de sostener desde el punto de vista agronómico, ecológico, económico y cultural. El objetivo, por tanto, no es eliminar la ganadería, sino transformarla para que contribuya plenamente a sistemas alimentarios sostenibles y resilientes.




 
 

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