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AUTOR

Antonio Sánchez

Grupo de Investigación Sanidad de Rumiantes, Dpto. Sanidad Animal, Fac. Vet. UMU, Campus Regional de Excelencia Internacional Mare Nostrum

Christian de la Fe

Grupo de Investigación Sanidad de Rumiantes, Departamento de Sanidad Animal, Facultad de Veterinaria, Universidad de Murcia, Campus Regional de Excelencia Internacional Mare Nostrum

Joaquín Amores

Grupo de Investigación Sanidad de Rumiantes, Departamento de Sanidad Animal, Facultad de Veterinaria, Universidad de Murcia. Campus Regional de Excelencia Internacional Mare Nostrum.

Juan Carlos Corrales

Grupo de Investigación Sanidad de Rumiantes, Departamento de Sanidad Animal, Facultad de Veterinaria, Universidad de Murcia. Campus Regional de Excelencia Internacional Mare Nostrum.

Xóchitl Hernández

Grupo de Investigación Sanidad de Rumiantes, Dpto. Sanidad Animal, Fac. Vet. UMU, Campus Regional de Excelencia Internacional Mare Nostrum

La bioseguridad, entendida como “todo aquello que tratamos de hacer para prevenir o evitar la aparición de un problema sanitario en nuestra explotación”, es manifiestamente mejorable en muchas explotaciones de pequeños rumiantes. Una realidad que, sin duda alguna, podríamos asociar fácilmente a la falta de recursos, medios e infraestructuras que, tradicionalmente, se han asociado a este sector.

No obstante, esta justificación se antoja muy sencilla si consideramos que el sector de los pequeños rumiantes está tecnológicamente en auge, con asociaciones y explotaciones de ovino y caprino que aplican las tecnologías y los sistemas de manejo más modernos a nivel mundial.

bioseguridad

Teniendo en cuenta esta situación, podemos atribuir los fallos de bioseguridad que acontecen en muchas ocasiones al desconocimiento de diversos aspectos ligados a la epidemiología de las enfermedades y, en especial, a las vías de entrada que utilizan bacterias, virus o parásitos a nuestras instalaciones.

La presencia de portadores asintomáticos de muchos agentes a cualquier edad, que permiten su entrada inadvertida a las explotaciones, o incluso los efectos perjudiciales que pueden ejercer algunas infecciones subclínicas “en la cuenta de resultados de las explotaciones” son hechos que a veces pasan inadvertidos o no son tomados en consideración.

Algo que también podemos extender al desconocimiento existente en relación a los factores de riesgo implicados en la transmisión de muchas de estas enfermedades.

A pesar de ello, afortunadamente, también son reseñables las mejoras que se han conseguido en este sentido en muchas asociaciones y ganaderías, todo ello en pos de la bioseguridad en general.

Entre los muchos factores a considerar en referencia a la bioseguridad de nuestras explotaciones, debemos considerar aspectos como:

bioseguridad

bioseguridadPodríamos seguir así con un largo etcétera de aspectos que al final, en conjunto, son los que componen la bioseguridad global de una determinada ganadería y el nivel de riesgo para la entrada de nuevos patógenos en la misma.

Es evidente que, en otros sectores como la avicultura o la porcinocultura, muchos aspectos de este “listado de prioridades” están más asumidos. No obstante, el nivel de bioseguridad de muchas explotaciones de pequeños rumiantes es muy elevado y no tienen nada que envidiarles.

En este sentido, y al objeto de que cada uno analice o al menos reflexione en referencia al nivel de bioseguridad de su empresa, vamos a plantear una serie de cuestiones para que





 
 

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Revista rumiNews Marzo 2024

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