17 Jun 2021

¡Combate el calor! Controlar el estrés por calor y prevenir las cojeras en vacuno lechero

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AUTOR

Dr. Huw McConochie

Zinpro Corporation

Los días son cada vez más largos y el calor del verano llegará antes de que uno se entere. A medida que los días se vuelven más cálidos, controlar los efectos negativos del estrés por calor es una preocupación para los productores de leche, pero ¿sabía usted que el estrés por calor también puede dar lugar a otros problemas de producción que pueden no aparecer hasta el otoño y principios del invierno?

Cada vaca lechera tiene un umbral dentro del cual podrá realizar sus funciones corporales normales y comportarse con normalidad.

Cuando el ambiente es demasiado caluroso y empiezan a experimentar estrés por calor – índice de temperatura-humedad (THI) superior a 68 -, la vaca empezará a modificar su comportamiento para disipar el calor adicional.

Los cambios en el comportamiento pueden ser claros indicadores de que el calor está afectando a su metabolismo normal.

Las vacas que sufren estrés por calor ven aumentada su frecuencia respiratoria, y este aumento está correlacionado directamente con el índice THI y con la reducción del consumo de materia seca (DMI) (Figura 1).

Además, las vacas pasarán menos tiempo descansando durante un episodio de estrés por calor. Normalmente, cuando una vaca se tumba su temperatura interna aumenta, por lo que pasará más tiempo de pie para termoregularse.

Las vacas lecheras necesitan 12 horas de descanso al día para recuperarse del estrés metabólico y alcanzar sus objetivos productivos.

Lo que no podemos ver a simple vista es que, en las vacas sometidas a estrés por calor, el flujo sanguíneo se desvía del tracto digestivo a la piel para ayudar a disipar el calor, lo que puede debilitar la integridad de la pared intestinal y conducir a un intestino permeable.

Cuando la pared intestinal se vuelve permeable, las bacterias y el material extraño pueden escapar a la circulación causando una inflamación sistémica. Esto también puede verse agravado por el hecho de que las vacas estresadas por calor son propensas a desarrollar acidosis ruminal.

Todos estos factores tendrán consecuencias inmediatas para las vacas lecheras, tales como:

  • Reducción del consumo de alimento.
  • Mayor estado inflamatorio, que exige un gasto energético adicional y la consiguiente reducción en la producción de leche.
  • Con el tiempo, estos cambios pueden acabar provocando cojeras en las vacas lecheras en otoño, incluso después de la llegada de temperaturas más frescas.

 

¿POR QUÉ SE RETRASAN LAS COJERAS TRAS EL ESTRÉS POR CALOR?

Hay cuatro razones principales por las que el estrés por calor en verano puede acabar provocando cojeras en otoño:

  1. A medida que una vaca pasa más tiempo de pie, en lugar de tumbada, se acumulan más traumatismos en las pezuñas, lo que afecta poco a poco al proceso de formación de la queratina y permite la aparición de lesiones.
  2. Los sistemas de reducción del calor, como los aspersores, pueden tener un impacto negativo en la integridad de la pezuña. Este aumento de la humedad puede hacer que la queratina de la pezuña se ablande y surjan más daños; los charcos de agua/lodo también pueden ser fuente de un aumento de las infecciones en las pezuñas.
  3. El intestino permeable y la acidosis pueden conducir a la translocación de toxinas desde el intestino hacia la sangre, que pueden acumularse en los capilares de la dermis de la pezuña como consecuencia del aumento del tiempo que pasa el animal de pie, afectando al flujo sanguíneo y a la circulación.
  4. Cuando las vacas experimentan un aumento de la respuesta inflamatoria debido al estrés por calor, la energía y los nutrientes se desvían de la producción de queratina de las pezuñas para “alimentar” su respuesta inflamatoria.

Esto provocará una lenta reducción de la producción y calidad de las pezuñas, lo que acabará provocando un aumento de las lesiones, que aparecerán en otoño.

CONSEJOS PARA CONTROLAR EL ESTRÉS POR CALOR Y REDUCIR LAS COJERAS

El primer paso para prevenir las cojeras otoñales causadas por el estrés por calor es controlar adecuadamente dicho estrés durante el verano con estrategias eficaces de reducción del calor e intervenciones nutricionales.

ESTRATEGIAS DE REDUCCIÓN DEL CALOR

Cuando la temperatura supera los 23 ºC y la humedad media es del 50 %, el ganadero debería instalar sistemas de ventilación para mejorar el movimiento del aire.

Por orden de prioridad, las zonas clave serían:

  • Sala de espera
  • Lote de vacas en preparto
  • Lote de maternidad
  • Lote de alta producción

Las estrategias de ventilación deben diseñarse para que el aire alcance una velocidad de 10 km/h: es lo que se denomina velocidad efectiva de enfriamiento (ECV); la colocación y la velocidad correcta animan a la vaca a tumbarse.

  • La estrategia de ventilación debe diseñarse para lograr al menos 40 cambios de aire por hora
  • Con la misma humedad y a temperatura > 28ºC, sólo se puede conseguir un enfriamiento eficaz mediante el uso de aspersores de agua en la línea de alimentación o empapadores en la sala de espera para empapar a las vacas
  • El remojo debe ir acompañado de ventiladores para favorecer la evaporación del agua y la disipación del calor
  • Eliminar el aire con humedad elevada también es importante para evitar la creación de un ambiente similar al de una sauna

 

INTERVENCIONES NUTRICIONALES

Hay muy pocas formas de aumentar realmente el consumo de energía de una vaca incrementando la densidad de la ración, ya que podría crear algunos problemas digestivos y metabólicos adicionales.

Así pues, lo principal que deben hacer los productores de leche es conservar los forrajes de mayor calidad y digestibilidad para las vacas que corren un mayor riesgo de sufrir cojeras como consecuencia del estrés por calor, es decir, las vacas en transición y las de alta producción.

Dos de los principales cambios metabólicos que se producen en la vaca sometida a estrés por calor son:

  • Reducción de la descomposición de la grasa corporal
  • Aumento de la tasa de descomposición de las proteínas lábiles

La alimentación complementaria con grasa puede ayudar a reemplazar parte de esta energía, y el aumento del consumo de proteínas de derivación puede ayudar a reemplazar las proteínas perdidas por la descomposición de los tejidos.





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