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11 Mar 2026

Fundamentos de nutrición terapéutica para rumiantes enfermos – Parte I



Las directrices en materia de nutrición clínica para rumiantes enfermos siguen siendo limitadas a pesar de que desempeña un papel clave en su recuperación.

Dado el papel esencial de los preestómagos en la utilización de los nutrientes, resulta prioritario apostar por intervenciones de nutrición terapéutica que permitan aportar la dieta por vía oral o directamente al rumen.

En este contexto, puede ser preferible el uso de dietas blandas, con menor longitud de partícula y de alta palatabilidad. Asimismo, la nutrición intravenosa total debería reservarse únicamente para animales de alto valor o neonatos, siempre durante el menor tiempo posible.

  EL RETO DE LA NUTRICIÓN TERAPÉUTICA EN RUMIANTES  

Incluso con una alimentación equilibrada y condiciones favorables, los rumiantes pueden presentar problemas de salud.

De hecho, el estado nutricional influye de forma significativa en la evolución de las enfermedades infecciosas y la malnutrición retrasa la recuperación y los procesos de cicatrización, y altera la función inmunitaria y la salud general.

En situaciones de enfermedad, la detección precoz y la intervención temprana resultan fundamentales.

Por ello, aunque en el pasado la nutrición en rumiantes no se consideraba un elemento terapéutico prioritario, en la actualidad se reconoce como un componente clave en el manejo de las enfermedades.

¿Qué es la nutrición terapéutica?

La nutrición terapéutica es una estrategia basada en la administración de compuestos farmacológicamente activos (aminoácidos, antioxidantes, tampones y ácidos grasos omega) para:

Criterios para la aplicación de la nutrición terapéutica en rumiantes

La nutrición terapéutica en rumiantes ha recibido una atención limitada, lo que se traduce en una falta de información sobre sus beneficios y su aplicación adecuada.

Las particularidades anatómicas, fisiológicas y metabólicas de los rumiantes frente a las enfermedades hacen necesario adoptar enfoques diferenciados en las intervenciones de nutrición terapéutica en comparación con humanos y otros animales monogástricos, aunque los principios básicos sean comunes.

El principal objetivo de la nutrición terapéutica en rumiantes es proporcionar una dieta equilibrada y saludable a los animales enfermos o lesionados, con el fin de:

Sin embargo, existen lagunas de conocimiento sobre los requerimientos nutricionales de los rumiantes enfermos (por ejemplo, en casos de indigestión o desplazamiento de abomaso), así como una escasez de información sobre los enfoques más adecuados para las intervenciones de nutrición terapéutica.

  EL RUMIANTE ENFERMO: LIMITACIONES DEL MANEJO NUTRICIONAL CONVENCIONAL  

Los rumiantes enfermos suelen experimentar una disminución del apetito y presentan con frecuencia alteraciones en sus funciones alimentarias.

En los sistemas de producción, estos animales suelen alojarse junto al resto del rebaño y reciben la misma dieta que sus compañeros sanos y el manejo de su patología se basa casi exclusivamente en el tratamiento farmacológico.

Distintos trastornos pueden dar lugar a modificaciones fisiológicas y metabólicas, por lo que, para favorecer una recuperación más rápida, cada animal enfermo requerirá una dieta que tenga en cuenta de forma específica su estado físico y fisiológico individual.

La aplicación eficaz de la nutrición terapéutica requiere un diagnóstico preciso y una adecuada comprensión de las alteraciones que se han producido como consecuencia de la enfermedad o lesión.

De hecho, el uso inadecuado de la nutrición terapéutica puede incrementar la gravedad de la patología, provocar efectos adversos e incluso conducir a la muerte si el diagnóstico es erróneo o se omite.

Además de garantizar el aporte de los requerimientos nutricionales básicos, la intervención de nutrición terapéutica debe evaluarse teniendo en cuenta consideraciones relacionadas con:

El tratamiento de la patología primaria debe ser siempre la máxima prioridad y, con frecuencia, se complementa con tratamientos de soporte y cuidados adecuados (Tabla 1).

La nutrición terapéutica puede formar parte del tratamiento primario, corrigiendo deficiencias o excesos nutricionales específicos, o integrándose dentro del tratamiento de soporte, contribuyendo al equilibrio ácido-base, de los electrolitos y de los fluidos.

Por ejemplo, en los casos de diarrea neonatal, los principales problemas que requieren corrección incluyen la deshidratación, los desequilibrios electrolíticos, la hipoglucemia y la acidosis metabólica.

El objetivo de la nutrición terapéutica debe ser:

Para ello, en las fases iniciales se deben corregir las alteraciones del equilibrio ácido-base, de los electrolitos, de los fluidos y del metabolismo, para posteriormente dar soporte al estado general y al bienestar del animal.

En última instancia, los objetivos de la nutrición terapéutica son reducir la duración y la gravedad de la morbilidad y prevenir la mortalidad.

En definitiva, debe contribuir a restablecer la funcionalidad del sistema digestivo y favorecer el retorno del animal a la salud y a la productividad, minimizando al mismo tiempo el impacto sobre el bienestar animal.

  FISIOPATOLOGÍA NUTRICIONAL DEL RUMIANTE ENFERMO  

La malnutrición generalizada y los desequilibrios de nutrientes específicos pueden provocar una alteración de la función inmunitaria, lo que se traduce en un aumento de la incidencia y gravedad de las enfermedades y las lesiones que, a su vez, conlleva mayores tasas de morbilidad y mortalidad, a menudo asociadas a patologías más severas.

La inmunosupresión asociada a la desnutrición puede dar lugar a fallos vacunales, incrementando aún más los costes derivados de ella.

Desde el punto de vista económico, hay que tener en cuenta que, aunque sean procesos subclínicos, generan costes elevados asociados a:

Reducción de la eficiencia de conversión alimentaria y de las tasas de crecimiento
Incremento de los costes de tratamiento
Mayor riesgo de decomisos en el matadero

También cabe señalar las implicaciones medioambientales y sociales de una nutrición deficiente:

Una menor ingesta por parte de los animales enfermos se asocia a un mayor impacto ambiental debido a la contaminación del entorno con antimicrobianos y otros medicamentos, así como al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Es importante tener en cuenta las expectativas de los consumidores respecto a la adquisición de productos procedentes de animales sanos.

Disminución del apetito

Los rumiantes enfermos suelen presentar una disminución del apetito y carecen de una respuesta adaptativa eficaz frente al ayuno.

La reducción de la ingesta puede ser:

Consecuencia directa de la enfermedad o la lesión (menor actividad del centro hipotalámico del apetito)
Debido a la incapacidad para acceder al alimento (cojera, paresia/parálisis o decúbito)
Debido a la incapacidad para ingerir la dieta ofrecida (dificultad para la prensión, masticación o deglución)

Por ello, puede ser necesario:

Manipular la dieta para facilitar el acceso al alimento (comederos portátiles)
Aumentar la densidad energética (grasas o cereales)
Mejorar la ingesta a través de una mayor palatabilidad

Alternativamente, para asegurar un aporte adecuado de nutrientes, puede ser necesario recurrir a la hiperalimentación y a la administración de medicación.

Alteraciones en la utilización de  proteína y energía

Los rumiantes enfermos experimentan un aumento de la movilización de proteínas musculares y de los tejidos adiposos, así como un incremento de la tasa metabólica, con o sin aumento de la temperatura corporal, además de un mayor daño oxidativo celular y de los procesos de reparación tisular.

Estos cambios se asocian a un estado de hipercatabolismo proteico.

Las alteraciones del metabolismo lipídico y el desarrollo rápido de resistencia a la insulina y/o de alteraciones en la secreción de insulina son frecuentes en situaciones de enfermedad o lesión graves.

Estos cambios se deben a la actividad individual o combinada de hormonas circulantes, citoquinas inflamatorias y neurotransmisores.

En animales enfermos que mantienen parcialmente el apetito, el aporte de la dieta contribuye a minimizar los procesos catabólicos asociados al ayuno.

Cuando persisten los procesos catabólicos derivados de enfermedades o estados inflamatorios crónicos (especialmente el catabolismo proteico), se debe garantizar que se cubran los requerimientos energéticos y proteicos del animal.

Debido a la disminución de la ingesta, puede ser necesario ofrecer raciones de menor volumen, pero con mayor concentración de nutrientes.

Durante los procesos de enfermedad, los aminoácidos disponibles se destinan preferentemente a la síntesis de proteínas de fase aguda y al apoyo de la respuesta inmunitaria, en lugar de a funciones de crecimiento o producción.

En el contexto del hipercatabolismo proteico, algunos aminoácidos no esenciales (como la arginina y la glutamina) pasan a considerarse condicionalmente esenciales.

Glutamina

La proteína muscular constituye una fuente importante de glutamina en situaciones de enfermedad grave, mientras que el hígado es su principal consumidor.

Dado que la glutamina es esencial para el correcto funcionamiento de la inmunidad celular, su déficit puede dar lugar a una respuesta inmunitaria subóptima como consecuencia de la depleción de este aminoácido en las células inmunitarias.

Además, desempeña un papel clave en la función del cerebro, el hígado y el riñón, en el metabolismo del nitrógeno y en la función digestiva y absortiva del intestino.

Arginina
La arginina facilita la cicatrización, mejora el balance nitrogenado y estimula la competencia inmunitaria.

Por todo ello, las intervenciones de nutrición terapéutica deben orientarse a minimizar el catabolismo proteico mediante el aporte adecuado de aminoácidos esenciales y condicionalmente esenciales.

Para cubrir las necesidades de mantenimiento del organismo en situaciones de inapetencia, se produce un catabolismo de la masa muscular y del tejido adiposo.

Este proceso se ve agravado por el aumento de los requerimientos metabólicos asociado a la fiebre, el malestar general y/o la reparación tisular.

El catabolismo se incrementa en parte debido a la liberación de compuestos con actividad similar a la insulina por parte de las células inflamatorias. Además, bajo la influencia de determinadas citoquinas inflamatorias, también puede liberarse insulina, lo que intensifica aún más el catabolismo de los carbohidratos.

Estos procesos catabólicos pueden contribuir a la acumulación de triglicéridos en el hígado y a la producción de especies reactivas de oxígeno (EROs) y, cuando este estado se prolonga, pueden desarrollarse patologías como lipidosis hepática, cetosis y pérdida de peso.

Además, el comportamiento del animal también puede verse alterado, en parte debido a un aporte insuficiente de glucosa al cerebro.

Por ello, la intervención de nutrición terapéutica debe proporcionar una fuente de energía de fácil disponibilidad, como la glucosa.

Debido a las alteraciones en la utilización de la glucosa y a la menor influencia hormonal sobre el metabolismo lipídico, puede resultar beneficioso aumentar el contenido graso de la dieta hasta un máximo aproximado del 5 % de la materia seca.

No obstante, niveles de grasa superiores, entre el 6 y el 8 %, pueden provocar una depresión de la fermentación ruminal y de la degradación de la fibra, por lo que deben evitarse. Además, niveles elevados de grasas insaturadas pueden reaccionar con el calcio disponible para formar jabones cálcicos insolubles en el rumen, reduciendo la disponibilidad de este mineral.

Conviene señalar que los rumiantes presentan un umbral bajo de concentración de glucosa en sangre, a partir del cual el exceso se elimina por la orina, lo que puede dar lugar a una limitación en el suministro energético basado en glucosa, incluso cuando esta se administra por vía parenteral.

Alteraciones en la utilización de minerales, vitaminas y agua

MINERALES

Las concentraciones sanguíneas Vitaminas del complejo de algunos minerales (o sus formas disponibles) pueden verse modificadas durante procesos de enfermedad debido a la mediación, principalmente, de distintas citoquinas inflamatorias.

No obstante, no se recomienda la inclusión rutinaria de minerales en las intervenciones de nutrición terapéutica, por lo que la suplementación debe basarse en la confirmación analítica de necesidades reales.

VITAMINAS HIDROSOLUBLES

Una gran parte de las vitaminas hidrosolubles, en particular las del complejo B, son sintetizadas por los microorganismos del rumen.

VITAMINAS LIPOSOLUBLES

Las vitaminas liposolubles se almacenan en el tejido adiposo, pudiendo observarse deficiencias en animales con anorexia o, en general, cuando no consumen cantidades suficientes de nutrientes, lo que conduce a un empeoramiento de la condición corporal y, con el tiempo, a posibles carencias vitamínicas.

AGUA

Los rumiantes enfermos suelen experimentar una reducción en la ingesta de agua, lo que, asociado a una mayor pérdida de agua, conduce a la deshidratación y a diversos desequilibrios electrolíticos.

La deshidratación puede producirse como consecuencia del secado del contenido ruminal o de pérdidas excesivas de fluidos, como ocurre en casos de diarrea, hemorragias, poliuria, sialorrea o pérdidas hacia el tercer espacio.

Las intervenciones de nutrición terapéutica deben contemplar la reposición de fluidos y electrolitos.

De hecho, la terapia con fluidos y electrolitos también puede estar indicada cuando se requiere un aumento de la diuresis, como en situaciones de lesión renal aguda o en cuadros de intoxicación.

Alteraciones de la función y la integridad del sistema digestivo

En los rumiantes, una gran parte de la funcionalidad del sistema digestivo depende de la fermentación ruminal, seguida de la digestión abomasal e intestinal, mientras que una fracción menor se basa en la fermentación en el intestino posterior.

La funcionalidad y la integridad del sistema digestivo, en particular de la mucosa intestinal, dependen en gran medida del aporte continuo de nutrientes y oxígeno a la mucosa.

La enfermedad puede comprometer la función del sistema digestivo, como ocurre en los síndromes de malabsorción y maldigestión, incrementando los requerimientos nutricionales y reduciendo la eficiencia en la utilización de los nutrientes.

Además, el daño de la mucosa en rumiantes enfermos puede requerir periodos prolongados de recuperación, aumentando los costes asociados a su manejo.

Una de las funciones clave de la mucosa intestinal es actuar como barrera frente a la absorción de compuestos no deseados y la entrada de patógenos, función que depende en gran medida de las uniones estrechas entre enterocitos y del tejido linfoide asociado al intestino.

La reducción de la ingesta priva a la mucosa intestinal de nutrientes, alterando la capacidad de absorción y el aporte vascular, dañando las vellosidades intestinales y comprometiendo la función barrera, con un aumento del transporte paracelular.

Las alteraciones hemodinámicas y la isquemia pueden agravar estos efectos al reducir la oxigenación de la mucosa y provocar lesiones por reperfusión.

En este escenario, la absorción de compuestos intestinales no deseados y/o toxinas bacterianas se asocia a cambios de comportamiento, endotoxemia y respuestas inflamatorias, así como a la translocación de patógenos.

La intervención de nutrición terapéutica debe priorizar el aporte de alimento fresco tan pronto como sea seguro hacerlo.

Alteración de la función y la integridad de los preestómagos

Al analizar la fisiopatología de la utilización de los nutrientes en rumiantes, resulta clave considerar la función de los preestómagos, especialmente en relación con las alteraciones de la microbiota y de la motilidad.

Los rumiantes dependen de una compleja comunidad microbiana comensal y simbiótica que produce nutrientes esenciales para el hospedador, como proteína microbiana, vitaminas y ácidos grasos volátiles.

En rumiantes sanos, la fermentación ruminal aporta aproximadamente el 80 % de la digestión de la fibra y alrededor del 60 % de los aminoácidos totales. Por ello, los microorganismos ruminales requieren un suministro continuo de ingesta fresca, siendo fundamental cubrir los mayores requerimientos dietéticos específicos de los rumiantes enfermos para favorecer una recuperación rápida.

No obstante, los rumiantes se recuperan más lentamente del ayuno que los animales monogástricos, en parte debido al tiempo necesario para que la microbiota ruminal se adapte a la dieta.

En este contexto, la transfaunación* ruminal puede acelerar el proceso de recuperación.

*Procedimiento que consiste en extraer líquido ruminal con microbiota sana y de buena calidad de un rumiante y transferir el líquido extraído al rumen de otro rumiante.

La provisión de alimento al reticulorrumen debe basarse en dietas que contengan suficiente fibra efectiva, ya que es clave para el mantenimiento de la salud y la funcionalidad de los preestómagos:

Estimula la mezcla del contenido ruminal
Favorece la producción de grasa láctea en hembras lactantes mediante la generación de ácidos grasos volátiles (acetato y butirato)
Promueve la masticación, la rumia y la salivación, contribuyendo indirectamente al control del pH ruminal

No obstante, en rumiantes con elevadas demandas metabólicas (animales jóvenes en crecimiento, hembras lactantes o gestantes avanzadas) los forrajes pueden no ser suficientes para cubrir los requerimientos energéticos y proteicos.

Alteraciones en la etapa pre-rumiante

Los neonatos son más propensos a enfermar debido al contacto estrecho con otros animales, una mayor exposición a patógenos, una menor competencia inmunitaria y su elevada susceptibilidad. Además, sus reservas corporales de energía y proteína son considerablemente menores y la tasa metabólica es más alta, por lo que su disponibilidad energética suele ser insuficiente.

Además, el organismo del neonato contiene una proporción de agua mucho mayor que el del animal adulto, por lo que cualquier trastorno puede dar lugar rápidamente a deshidratación y desequilibrios electrolíticos.

Las soluciones electrolíticas administradas por vía oral, enteral o parenteral al inicio de la intervención de nutrición terapéutica deben cubrir los requerimientos energéticos y proteicos del animal y permitir la corrección y optimización del equilibrio ácido-base, electrolítico y de fluidos, garantizando al menos la reposición de cloruro, potasio y sodio.

No obstante, hay que tener en cuenta que cualquier enfermedad grave puede provocar la pérdida del reflejo de succión, de modo que la administración oral de fluidos puede dar lugar inadvertidamente a neumonía por aspiración.

Asimismo, las enfermedades o lesiones graves pueden alterar la funcionalidad del sistema digestivo, y la administración forzada de fluidos y/o leche puede provocar depósito ruminal, timpanismo y putrefacción ruminal.

En resumen, en función de las alteraciones fisiopatológicas de las funciones corporales y del diagnóstico, la intervención de nutrición terapéutica en rumiantes debe considerar el aporte de agua, carbohidratos (estructurales y no estructurales), proteínas, lípidos, electrolitos, minerales y vitaminas (Tabla 2). Asimismo, la nutrición terapéutica debe contribuir al apoyo de la función inmunitaria del rumiante.

  CONCLUSIONES  

La nutrición terapéutica en rumiantes enfermos debe sustentarse en una comprensión sólida de las alteraciones fisiopatológicas que afectan a la utilización de los nutrientes durante los procesos de enfermedad.

Los cambios en el metabolismo, la función digestiva, la respuesta inmunitaria y el equilibrio hidroelectrolítico condicionan de forma directa la eficacia de cualquier intervención nutricional.

Esta primera parte del artículo pone de manifiesto que la fisiopatología del rumiante enfermo constituye la base sobre la que deben apoyarse las decisiones nutricionales, evitando enfoques generalistas y priorizando intervenciones adaptadas a cada situación clínica.

Sobre este marco conceptual se desarrollarán, en la segunda parte, los criterios y estrategias prácticas para la implementación y el seguimiento de la nutrición terapéutica en rumiantes.

Artículo traducido y adaptado de: Teixeira Rodrigues de Almeida, S.;
Caetano, M.; Kirkwood, R.N.; Petrovski, K.R. The Basics of Clinical Nutrition
for Compromised Ruminants—A Narrative Review. Ruminants 2025, 5, 51.
https://doi.org/10.3390/ruminants5040051 (CC BY 4.0).




 
 

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