AUTOR

Fernando Laguna

Ingeniero Técnico Agrícola y Veterinario

En ocasiones, metidos en la rutina del trabajo de la granja, cuando nos encontramos con un problema que no es habitual en nuestro manejo tendemos a pensar en causas nuevas y a veces algo complicadas, pero seguro que posibles si consultamos algún manual, algún conocido o la enciclopedia de este siglo: la Wikipedia.

La experiencia dice que antes de buscar motivos poco habituales, sería recomendable repasar lo más básico y asegurarnos de que esas rutinas que damos por hecho que funcionan “como siempre” no han variado causándonos algún problema.

Al decir esto, estoy pensando en algo que muchas veces no creemos que pueda influir en nuestra producción y que, sin embargo, es un elemento importantísimo y decisivo. Me estoy refiriendo al agua.

Debemos partir de la base de que se utiliza una gran cantidad de agua en nuestras granjas, por lo que su influencia es enorme.

No debemos olvidar que su composición varía prácticamente cada día, dependiendo de múltiples factores, siendo decisivos dos aspectos fundamentales:

  • Cantidad
  • Calidad

CANTIDAD DE AGUA

Cuando hablamos de la cantidad, tenemos que controlar dos puntos:

  • Suministro
  • Consumo

El suministro es un factor decisivo desde que comenzamos con el proyecto de nuestra granja, pues debemos contar con una fuente que nos garantice el aporte para nuestro trabajo diario.

Hemos de ser cautos y supervisar cuáles son nuestras reservas porque, en nuestro país, se pasan periodos de sequía que pueden desorganizar nuestros planes hídricos y es posible que tengamos que racionar el aporte en ciertas partes de nuestra granja.

Lo recomendable es tener un plan B por si se da un momento de carencia de aporte hídrico.

Otro aspecto a controlar con respecto a la cantidad de agua es el volumen consumido, sobre todo hoy en día que se quiere controlar todo, midiendo parámetros, recogiendo datos e interpretando los resultados.

Resulta curioso pensar que aún hay granjas que no tienen un caudalímetro a la entrada de la granja para saber cuál es su consumo diario. Conocer este dato es muy sencillo y la cantidad de información que puede aportarnos es importantísima.

La información sobre nuestro consumo diario nos permite hacer previsiones para poder gestionar nuestras reservas, pero también nos puede avisar de algún problema, pues su variación es señal de que está pasando algo fuera de lo normal.

  • Si al llegar a la granja vemos que el consumo de agua es superior a lo normal, es muy probable que tengamos alguna fuga de agua, con el coste que eso supone del producto y de su futura gestión como subproducto.
  • Si el volumen consumido es menor, lo más seguro es que se esté iniciando un proceso patológico en los animales, ya que el primer síntoma que se observa en la mayoría de procesos es la apatía y el descenso en la ingesta de agua y alimento.

Seguramente veremos que esos animales no han comido, pero si además desciende su consumo de agua es porque el proceso patológico es más importante.

Otra causa del descenso del volumen consumido puede ser un fallo en la instalación que no permita que el agua llegue a los animales, perdiéndose producción en ese tiempo.

Por tanto, lo recomendable será repasar la instalación de aporte de agua periódicamente por fuera (para evitar fugas) y por dentro (para evitar que se acumule biofilm, una importante fuente de contaminación con capacidad para obstruir los conductos).

Es fundamental establecer una rutina periódica de limpieza de depósitos, conducciones y dispensadores de agua con productos de eficacia demostrada.

CALIDAD DEL AGUA

Con relación al biofilm, hemos de referirnos a otro aspecto del agua que debe de controlarse: la calidad.

Aunque la definición que desde niño se nos da de las características del agua es que es incolora, inodora e insípida, por nuestra experiencia sabemos que, dependiendo de su composición, esas características cambian.

A veces con nuestros sentidos ya detectamos que el agua que usamos en nuestra granja es diferente a la que teníamos unos días antes, ya sea por una tormenta que ha removido los lodos asolados, por un vertido en el cauce y un aumento de la eutrofización o simplemente por el aumento de la temperatura y la multiplicación de bacterias normales que ya contiene el agua.

Aunque para algunos usos (como la limpieza o la refrigeración) puede no influir demasiado, si tenemos en cuenta el gran volumen de agua que ingieren nuestros animales sí que puede resultar decisivo.

Para controlar la calidad del agua no podemos confiar solo en nuestros sentidos, sino que todo pasa por realizar analíticas microbiológicas periódicamente para conocer la carga de gérmenes.

El producto empleado no tiene por qué ser el mismo que el utilizado para limpiar tuberías, pues en cada granja el problema es diferente y las condiciones de la instalación también.

A veces es posible aplicar un producto por pulsos a la entrada de cada cantidad de agua, pero otras no disponemos de un aporte de electricidad que permita estos impulsos y debemos de aplicar el producto en todo el volumen a tratar, siendo necesario que mantenga su eficacia durante el mayor tiempo posible y que no desaparezca rápidamente.





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