AUTOR

Diego Moya

Profesor Asistente en Comportamiento y Bienestar Animal del vacuno de engorde, Western College of Veterinary Medicine, University of Saskatchewan, Saskatoon, Canadá

Paisley Johnson

Especialista en Salud y Bienestar Animal, Gobierno Provincial de Saskatchewan, Canadá

El temperamento animal es la combinación de múltiples rasgos de su comportamiento, que determinan cómo va a responder cada animal ante una situación determinada. (Muller et al., 2005; Haskell et al., 2014).

Muchos factores, tanto ambientales como genéticos o experiencias previas del propio animal, van a contribuir a moldear su temperamento y a cómo perciben y afrontan diferentes eventos estresantes a lo largo de su vida (Grandin, 1997).

El temperamento de un animal se puede medir evaluando diferentes rasgos de su comportamiento, tales como la agresividad, sociabilidad, actividad, timidez y curiosidad (Reale et al., 2007). Los métodos usados en diferentes estudios para cuantificar el temperamento incluyen una combinación de mediciones subjetivas y objetivas en granja.

La velocidad de arrancada (Burrow, 1997), conocida en inglés como “flight speed” o “exit speed”, o su reacción a ser inmovilizados (Grandin, 2018 y Stookey et al., 1994),chute score” en inglés, son algunos de los métodos más prácticos y fiables que se usan ampliamente en proyectos de investigación para medir el temperamento del ganado bovino.

La facilidad en el manejo del ganado es un factor crucial que contribuye a la seguridad y bienestar, tanto de los animales como de los trabajadores: animales con un temperamento más excitable se caracterizan por tener una elevada sensibilidad o una mayor aprehensión al contacto humano (Sebastian et al., 2011).

Estos animales son más propensos a forcejear e irritarse cuando deben ser inmovilizados para tareas rutinarias en la granja, resultando en una mayor predisposición a herirse a ellos mismos, a otros animales o a los trabajadores (Haskell et al., 2014).

Además de influir en su manejo, también se ha encontrado una relación directa entre el temperamento del ganado bovino y diferentes parámetros productivos, incluyendo su eficiencia alimentaria y de engorde, y su estado de salud.

De esta manera, temperamentos calmados se asocian con una mayor tasa de engorde y eficiencia alimentaria (Muller et al., 2014; Bruno et al. 2018), una mejor respuesta a vacunas (Oliphint et al., 2006), y una menor susceptibilidad a caer enfermos (Hulbert et al., 2011).

Cuando un animal percibe un estímulo como estresante, su respuesta fisiológica mediada por el eje corticotrópico (compuesto de hipotálamo, pituitaria y glándulas adrenales) desencadena la liberación de cortisol al torrente sanguíneo, el cuál es utilizado como marcador de estrés en múltiples especies.

La exposición crónica a elevados niveles de cortisol, sin embargo, tiene efectos contraproducentes para el animal, que puede ver como su sistema inmunitario se debilita (Griebel et al., 2014), haciéndole más propenso a caer enfermo (Burton et al., 2005).

Así pues, identificar el temperamento animal podría proveer información relevante sobre su habilidad de lidiar con diferentes elementos causantes de estrés del sistema de producción (destete, cambio de dieta o ambiente, transporte, etc…). Un mejor entendimiento de la relación entre comportamiento, salud y bienestar animal guiaría el desarrollo de herramientas de selección que permitirían al productor mejorar el manejo y la productividad de aquellos animales menos capaces de adaptarse a situaciones adversas, o más susceptibles de enfermar.

Es por esto por lo que diseñamos un estudio con el fin de evaluar la relación entre el temperamento, niveles de hormonas del estrés, parámetros sanguíneos indicativos del estado inmune y comportamientos en el corral en ganado bovino de engorde.

EL ESTUDIO

Usamos 48 terneras cruce de Hereford (427,4 ± 40,92 kg peso vivo) distribuidas homogéneamente en dos corrales (22 x 30 m) en una granja en Saskatoon (Canadá). El primer día del experimento, los animales fueron pesados e identificados individualmente con un número del 1 al 48 en espalda y costados, para después iniciar una serie de pruebas para caracterizar su temperamento:

RESPUESTA A LA INMOVILIZACIÓN

 

Mientras cada animal era inmovilizado en la manga de manejo para obtener su peso, la cantidad de movimientos de escape era cuantificada con un sensor de presión colocado en la barra que le atrapa a la altura del cuello. Estos sensores, conectados a un ordenador, capturaban la fuerza ejercida por cada animal en respuesta a verse atrapados.

TEST DE REACTIVIDAD A HUMANOS

 

Inmediatamente después del test anterior, una persona se colocaba a 5 pasos de la cabeza del animal acercándose a velocidad constante de un paso por segundo. El número de pasos dados antes de que el animal reaccionara (movimientos de cabeza o intentos de escaparse del cajón) daban lugar a una escala de 1 a 5, donde 1 implica un animal muy reactivo, y 5 un animal muy pasivo.

VELOCIDAD DE ARRANCADA

 

Dos sensores ópticos se colocaron a 1 m de altura y a 3,7 m el uno del otro, justo a la salida de la báscula de pesaje. Una vez la compuerta de la báscula se abría, la ternera escapaba cruzando el primer y segundo sensor, que de forma automática iniciaba y detenía, respectivamente, un cronómetro. Con esto, pudimos calcular en m/s la velocidad de cada ternera al ser liberada, siendo valores más altos indicativos de temperamentos más excitables.

Así, usando este valor, pudimos identificar a las 6 terneras más calmadas y las 6 más excitables de las 48 estudiadas, a las cuales se les realizó un test con corticotropina (test ACTH) para determinar la actividad de su eje HPA: el día 5 del experimento, inyectamos 0,15 UI/kg en la yugular, y tomamos muestras sanguíneas inmediatamente antes de dicha inyección, 60 y 120 minutos después. Las muestras se analizaron para determinar los niveles de cortisol y recuento celular sanguíneo.

Finalmente, en dos turnos de 24 terneras, los animales fueron confinados en un corral de 24 x 7,5 m equipado con videocámaras para grabar y medir sus comportamientos sociales durante 2 horas. En base a la proporción de comportamientos sociales agonísticos (empujones, cabezazos, golpeos, luchas, persecuciones) versus cohesivos (lametones, caricias, roces), y de si iniciaban o recibían dichas acciones, las terneras fueron clasificadas como dominantes, subordinadas o equilibradas.

Los resultados obtenidos mostraron que las terneras que exhibieron más comportamientos dominantes tenían niveles de cortisol más elevados al resto, mientras que aquellas con un comportamiento social más equilibrado tenían niveles inferiores, sugiriendo que estas últimas sufren menos estrés respecto a individuos con un alto o bajo ranking social.

En general, se asume que individuos situados por abajo en la escala social están en desventaja a la hora de acceder a recursos, lo cual los lleva a estado de estrés crónico. Este estudio, sin embargo, sugiere que terneras dominantes también tienen elevados niveles de cortisol, tal vez por la necesidad de exhibir comportamientos competitivos para mantener esta jerarquía social.

También encontramos una relación significativa entre el comportamiento social y la velocidad de arrancada, con las terneras más dominantes mostrando una mayor velocidad de escapada comparado con terneras con comportamientos sociales equilibrados o subordinados.

Estos hallazgos sugieren que existe una conexión en los animales dominantes con elevados niveles de cortisol, que además muestran una mayor velocidad de arrancada, bien sea por diferencias a nivel metabólico (más energía movilizada), físico (mejores condiciones físicas) o mental (elevado estado de alerta) (Figura 1).

En este estudio también observamos que





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