26 Sep 2022

Una perspectiva sobre el impacto ambiental de los rumiantes en nuestra sociedad



AUTOR

Carlos Fernández

Instituto de Ciencia y Tecnología Animal, Universitat Politécnica de Valencia

Hoy en día, solemos encontrar expresiones como la siguiente:

“¡Necesitamos comer menos carne de vacuno para salvar el planeta, las vacas están contaminando el aire con sus eructos ricos en metano, bebiendo toda nuestra agua, se están comiendo toda nuestra comida y tomando toda nuestra tierra que podríamos estar usando para cultivar comida humana!”

O, como se anuncia en la prensa estadounidense, “¡lunes sin consumo de carne!”. Si fuera en viernes, sería como la Cuaresma de Semana Santa aquí en España.

Por supuesto, el ganado tiene un impacto ambiental, lo que sucede es que además se le acusa de agotar los recursos de la tierra y también el agua.

NUESTRO AIRE

El metano que emiten las vacas y otros animales herbívoros hacia la atmósfera vía eructo se debe a la fermentación entérica de los alimentos.

Es parte de un ciclo natural y es muy diferente del dióxido de carbono (CO2) que emiten los automóviles o los aviones (que proviene de combustibles fósiles).

¡La vaca no agrega carbono nuevo a la atmósfera!

El metano que emite la vaca está formado por el carbono que la hierba obtuvo del aire en primer lugar y que, posteriormente, se transforma en CO2 y vuelve a la planta. Lo que representa este ciclo es que, si se mantiene la misma cantidad de vacas en el rebaño, no supondrán un calentamiento adicional a la Tierra.

En cambio, cada vez que conducimos un automóvil o viajamos en avión no reciclamos carbono.

Se trata de emisión de CO2 en un solo sentido que se va acumulando en la atmósfera. Es decir,





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