AUTOR

Antonio Zamora Puyuelo

Lcdo. en Biología

Asociamos habitualmente, y en ocasiones de manera errónea, el concepto de plagas, a una cantidad ingente, desmesurada, de seres vivos (roedores e insectos) colonizando un determinado lugar físico.

Antes de valorar la importancia de un buen control de plagas en una instalación ganadera, deberíamos aclarar qué es una plaga y por qué debemos mantenerla alejada de nuestras instalaciones.

 

La pregunta es… ¿Qué es una plaga?

Consideramos plaga todo aquello que de forma molesta ocupa un espacio en el que el hombre tiene algún interés, es decir, la acumulación de algún tipo de organismo que nos perjudica (ya sea económica o sanitariamente, o de cualquier otro modo).

No hace falta que sean miles de individuos (ratas o insectos), con que sean unos pocos ya nos afecta.

Las instalaciones ganaderas son el lugar idóneo para la presencia de plagas, por dos motivos muy claros:

  1. Son lugares en los que, por la presencia de animales, hay gran cantidad de agua y alimento, así como residuos derivados de esa presencia.
  2. Hay condiciones casi continuas de humedad y temperatura, por lo que se rompe el ciclo de estacionalidad (las plagas no se ven afectadas por condiciones exteriores) favoreciendo su desarrollo continuado y abundante.

Vemos pues, cómo una explotación ganadera puede suponer un paraíso a los ojos de ratas, moscas y otros habitantes accidentales que encuentran en ella:

  • Alimento
  • Refugio
  • Lugar de cría
  • Condiciones de temperatura y humedad óptimas

 

Este desarrollo “facilitado” va en contra de la bioseguridad (recordemos: “alejar los microorganismos y sus vectores de transmisión”), por lo que un control efectivo de plagas supone no un gasto, sino una inversión. Además, aporta beneficios claros, como reducción del número de bajas, de vacunaciones y mejoras tangibles en la producción.

 

Las plagas suponen una amenaza para la estabilidad sanitaria de los animales, debido a que son, y se comportan, como vectores de transmisión.

Son vías de entrada y propagación de organismos patógenos en las instalaciones.

Es en la asunción de este concepto donde un control de plagas profesionalizado toma una relevancia vital para el devenir sanitario de la instalación.

Un plan efectivo frente a plagas debe pivotar sobre el concepto de control integrado, esto es, la combinación de tratamientos químicos con medidas físicas que establezcan un escenario a las plagas lo más hostil posible.

Ninguna de las dos medidas (químicas o físicas) por sí mismas suelen ser suficientes para un control efectivo de roedores o insectos. Es la combinación de ambos tipos la que nos garantiza un éxito prácticamente total.

Además de que un control integrado de plagas


 




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