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Ganaderos españoles convocan una histórica protesta en la frontera con Francia por el “desamparo” ante la dermatosis nodular contagiosa
El sector ganadero español se prepara para una de las movilizaciones más importantes de los últimos años: el próximo 15 de enero se llevará a cabo una protesta masiva en Irún (Guipúzcoa), junto a la frontera con Francia, en respuesta al “desamparo” que sienten numerosos ganaderos españoles ante el avance de la dermatosis nodular contagiosa (DNC) en el país galo y la aparente falta de respuesta contundente por parte de las autoridades españolas.
La convocatoria, lanzada por UPA (Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos) junto con la organización vasca ENBA y con el apoyo de otras entidades como EHNE, busca visibilizar la preocupación creciente en el sector vacuno, especialmente en regiones limítrofes como la Cornisa Cantábrica y Cataluña, donde los nuevos focos de infección se están detectando cada vez más cerca de las fronteras españolas.
La dermatosis nodular contagiosa, también conocida como lumpy skin disease, es una enfermedad viral que afecta al ganado vacuno y se ha extendido de manera preocupante en varios departamentos del sur de Francia. Aunque no es transmisible a los humanos, su impacto en la salud animal y en la economía de las explotaciones puede ser devastador: provoca lesiones cutáneas, fiebre y, en casos graves, obliga a sacrificar animales y aplicar restricciones sanitarias que bloquean movimientos comerciales y exportaciones.
La amenaza no es solo sanitaria, sino también económica y estructural para miles de ganaderos cuyos ingresos dependen de la movilidad del ganado y de la estabilidad de los mercados. Un brote confirmado puede traducirse en cuarentenas prolongadas, vaciados sanitarios completos y la pérdida de contratos comerciales.
Los ganaderos agrupados en estas organizaciones agrarias han detallado una serie de reclamaciones clave que pretenden reivindicar durante la protesta:
Revisión de la clasificación sanitaria de la DNC: piden que se rebaje el nivel oficial de la enfermedad para evitar vaciados sanitarios totales de explotaciones, permitiendo únicamente el sacrificio de animales positivos, una medida similar a la que se aplica con la lengua azul.
Actitud proactiva del Gobierno español: exigen al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) que abandone la actitud “pasiva” y emprenda un diálogo directo con la Comisión Europea para coordinar estrategias eficaces de prevención y control.
Vacunación y medidas preventivas en zonas fronterizas: solicitan que las comunidades autónomas colindantes con Francia que lo deseen sean vacunadas de manera íntegra para frenar la posible entrada del virus.
Controles más estrictos en el movimiento de ganado: incluso contemplan la prohibición temporal de entrada de ganado francés si la situación sanitaria lo requiere.
Ayudas directas y compensaciones económicas: buscan indemnizaciones por sacrificio, reposición de animales, cese temporal de la actividad, lucro cesante y el valor de mercado de los animales afectados.
Estas demandas reflejan el sentir generalizado de que el sector está siendo dejado a merced de una amenaza que no solo afecta a la salud animal, sino a la sostenibilidad económica de muchas explotaciones familiares.
La protesta también lanza un mensaje político claro: los ganaderos reclaman un papel más activo del Gobierno español en las negociaciones europeas que afectan la gestión de enfermedades animales. La percepción de falta de liderazgo, además de generar inquietud en el sector, ha alimentado el movimiento de protesta que busca que la voz de los productores llegue hasta Bruselas.
Según diversas fuentes, la convocatoria del 15 de enero no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un contexto europeo más amplio de movilizaciones agrarias que reclaman mayor protección frente a crisis sanitarias, regulación de importaciones y reformas de políticas agrícolas comunitarias.
Aunque aún es pronto para saber cuántos ganaderos acudirán a Irún, la expectación es alta entre el sector. UPA y ENBA esperan que esta movilización sea solo el inicio de una respuesta coordinada y sostenida si no se obtienen respuestas claras y acciones concretas por parte de las autoridades en las próximas semanas.
En definitiva, la protesta del 15 de enero representa la preocupación y frustración de miles de productores de vacuno españoles que sienten que sus demandas por protección sanitaria, apoyo institucional y diálogo europeo aún no han sido atendidas con la urgencia que la situación requiere.


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