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Tras más de dos décadas de negociaciones, el ambicioso acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y el bloque sudamericano Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay) enfrenta una fase de intensa incertidumbre política y social antes de su ratificación.
El acuerdo UE-Mercosur ha sido firmado y representa una amenaza para la ganadería española. La próxima etapa —la ratificación y aceptación interna en la UE— entra en una fase compleja marcada por oposición de agricultores, debates parlamentarios y desafíos políticos que podrían influir decisivamente en su futuro.
El lunes 17 de enero de 2026, representantes de la UE y de Mercosur firmaron en Asunción (Paraguay) un acuerdo que pretende crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con un mercado combinado de más de 700 millones de consumidores y la eliminación de aranceles en más del 90 % de los intercambios comerciales planificados. La firma fue celebrada como un logro por unos, y como una catástrofe histórica por otros, tras 25 años de negociaciones.
A pesar de su avance, el acuerdo está lejos de ser definitivo. Su entrada en vigor depende ahora de la ratificación del Parlamento Europeo y de la aprobación por parte de los parlamentos nacionales de los Estados miembros, un proceso que puede alargarse meses o incluso años y que está desencadenando una fuerte oposición interna.
Organizaciones agrarias y agricultores de varios países de la UE han convocado protestas en ciudades clave para expresar su rechazo al pacto, argumentando que las importaciones desde Mercosur —especialmente de productos agrícolas y ganaderos— compiten de forma desleal con la producción europea, debido a diferencias en costes, estándares sanitarios y medioambientales.
En Francia y Polonia, por ejemplo, los agricultores han expresado su preocupación por el impacto que el acuerdo tendría sobre sus explotaciones, mientras que sindicatos agrarios y asociaciones de ganaderos han protagonizado movilizaciones que en algunos casos han reunido tractores y delegaciones en ciudades como París o Estrasburgo.
El Ejecutivo, con el fin de abordar las numerosas incógnitas económicas, encargó un análisis de más de 500 páginas sobre los efectos particulares que el pacto tendría en España, elaborada por María C. Latorre, profesora de la facultad de estudios estadísticos de la Universidad Complutense de Madrid. Aunque el análisis concluye que la alianza Mercosur-UE “es beneficiosa para la economía española” a largo plazo, matiza que no se verán los efectos en la economía real de forma hasta dentro de 15 años debido a la escala de los compromisos transcontinentales.
El análisis de Latorre concluye que el gran perdedor del acuerdo será la ganadería española. En concreto, el sector cárnico, donde el estudio prevé que para 2041, el sector bovino podría observar una caída del 3,42% en sus exportaciones tras el aumento de exportaciones provenientes desde los países del Mercosur.
Además de las protestas, el acuerdo encara un complicado proceso legislativo dentro de la UE. El Parlamento Europeo deberá pronunciarse en las próximas semanas sobre el texto final, y algunos eurodiputados han planteado dudas sobre aspectos legales y de cumplimiento de los tratados europeos. El grado de apoyo del pleno de la Eurocámara —donde las posiciones están divididas— será determinante para que el pacto pueda avanzar sin trabas adicionales.
Aunque las decisiones en el Consejo de la UE allanaron la firma del acuerdo, varios gobiernos nacionales han dejado claro que no comparten una visión unánime sobre sus beneficios y exigen mayores garantías para sus sectores agrícolas. Esta controversia se da en un contexto más amplio de reformas en la Política Agraria Común (PAC) y de debates sobre la competitividad de los agricultores europeos frente a los productos importados.
Los defensores del acuerdo, tanto dentro de la Comisión Europea como en sectores exportadores europeos, sostienen que este pacto es una oportunidad para diversificar mercados, asegurar materias primas clave y fortalecer la posición económica de la UE en un mundo cada vez más competitivo, especialmente frente a cambios en la política comercial de Estados Unidos y otras potencias globales.
Mientras tanto, queda por ver cómo evolucionarán las negociaciones internas en la UE y si los compromisos adicionales —como medidas de salvaguarda agrícola o fondos de apoyo a las explotaciones más afectadas— pueden aliviar las inquietudes de los sectores más críticos.
Referencias:
El País. “UE-Mercosur, la enésima batalla de la naranja valenciana.”
Lavanguardia.com. Proyecciones Fedea sobre el impacto del acuerdo en PIB, empleo y consumo.
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