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Un estudio revela que ajustar el nivel proteico hasta ciertos límites mejora la sostenibilidad del sector lácteo sin incrementar las emisiones
Reducir el contenido de proteína en la dieta de las vacas lecheras puede ser una estrategia clave para disminuir el impacto ambiental del sector sin comprometer la productividad, según una nueva investigación de Wageningen University & Research (WUR). El estudio demuestra que una menor ingesta proteica reduce significativamente la excreción de nitrógeno —especialmente en la orina— sin provocar un aumento de las emisiones de metano por unidad de leche producida.
Esta conclusión aporta evidencia relevante en un contexto en el que la ganadería se enfrenta a una creciente presión para reducir su huella ambiental, particularmente en lo relativo a emisiones de amoníaco y gases de efecto invernadero.
El ensayo, realizado con 64 vacas lecheras durante dos lactaciones completas, evaluó tres niveles de proteína bruta en la dieta: bajo (133 g/kg de materia seca), medio (143 g/kg) y alto (154 g/kg). Todos estos niveles se situaron por debajo de la media práctica en Países Bajos, lo que refuerza la aplicabilidad real de los resultados.
Los datos muestran que la reducción de proteína disminuye de forma clara la ingesta y excreción de nitrógeno, siendo especialmente notable en la orina. En la primera lactación, las vacas con dieta baja en proteína excretaron aproximadamente 105 g de nitrógeno al día en la orina, frente a 146 g y 185 g en los grupos medio y alto, respectivamente.
Este aspecto es clave desde el punto de vista ambiental, ya que el nitrógeno urinario es una de las principales fuentes de emisiones de amoníaco en las explotaciones ganaderas.
Además, la eficiencia en el uso del nitrógeno para la producción de leche fue mayor en las dietas con menor contenido proteico, alcanzando el 34,8%, frente al 31,9% en las dietas más ricas en proteína.
En términos prácticos, esto implica que las vacas aprovechan mejor el nitrógeno ingerido cuando la dieta está ajustada, reduciendo pérdidas y mejorando la sostenibilidad del sistema.
Uno de los principales interrogantes del estudio era si la reducción de proteína podría tener efectos secundarios negativos, especialmente en forma de mayores emisiones de metano (CH₄), un gas con alto potencial de calentamiento global.
Los resultados son claros:
no se observaron incrementos en las emisiones de metano por unidad de leche ni por ingesta de alimento.
Aunque las vacas con dietas más bajas en proteína emitieron menos metano total (442 g/día frente a cerca de 488 g/día en dietas altas), esta diferencia se explica por una menor ingesta y producción. Cuando se corrige por litro de leche o consumo, las emisiones son equivalentes entre grupos.
Este hallazgo es especialmente relevante porque confirma que es posible reducir el impacto sobre el nitrógeno sin generar un “efecto rebote” en forma de mayores emisiones de metano, uno de los principales gases implicados en el cambio climático.
Cabe recordar que el metano es responsable de una parte significativa del calentamiento global y que los rumiantes representan una fuente importante de este gas debido a la fermentación entérica.
El límite: cuánto se puede reducir sin afectar la producción
El estudio también identifica un punto crítico: no toda reducción de proteína es viable sin consecuencias productivas.
Esto indica que existe un umbral óptimo en torno a los 143 g/kg de materia seca, donde se maximizan los beneficios ambientales sin comprometer el rendimiento productivo.
En términos de manejo nutricional, el mensaje es claro: ajustar la proteína sí, pero con precisión técnica.
Los resultados de este trabajo abren una vía concreta para avanzar hacia sistemas de producción más sostenibles:
En un contexto de regulaciones cada vez más exigentes en Europa respecto a emisiones ganaderas, estas conclusiones pueden tener una aplicación directa en las estrategias de formulación de raciones.
El estudio de Wageningen refuerza una idea clave en la nutrición de rumiantes: la precisión en la alimentación es una herramienta fundamental para la sostenibilidad.
Lejos de soluciones drásticas, los resultados apuntan a ajustes finos en la dieta como una vía eficaz para reducir el impacto ambiental sin sacrificar la rentabilidad de las explotaciones.
La reducción moderada del contenido proteico —hasta niveles en torno a 143 g/kg de materia seca— se perfila como una estrategia viable para compatibilizar producción y sostenibilidad en el sector lácteo.
La investigación confirma que menos proteína puede significar menos nitrógeno sin más metano, siempre que se mantenga dentro de límites técnicamente adecuados.
Este equilibrio entre eficiencia productiva y reducción de emisiones sitúa a la nutrición de precisión como uno de los pilares clave en la transición hacia una ganadería más respetuosa con el medio ambiente.
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