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01 Jul 2026

Alimentación y estrategias nutricionales para hacer frente al estrés por calor en vacuno lechero



AUTOR

Braulio De La Calle Campos

Director técnico en formulación de rumiantes COREN agroindustrial

El estrés por calor no es solo un desafío estacional debido al cambio climático, es uno de los limitantes más críticos para la productividad y salud de los animales en las granjas de vacuno de leche y carne.

Cuando la temperatura ambiental supera la zona de confort térmico, los animales activan mecanismos de termorregulación que priorizan la supervivencia frente a la producción de leche o carne.

Esta respuesta biológica desencadena un efecto dominó, con efectos como:

CUANDO EL CALOR SUPERA AL ANIMAL: ¿QUÉ ES EL ESTRÉS TÉRMICO?

El estrés térmico, o estrés por calor, es un conjunto de alteraciones fisiológicas y de comportamiento causadas por altas temperaturas y humedad, que superan la capacidad del animal para disipar el calor. Como consecuencia, se produce:

Se trata, en definitiva, de los efectos adversos que aparecen a nivel productivo, reproductivo y sanitario cuando la temperatura ambiental supera la capacidad termorreguladora del animal, impidiéndole disipar adecuadamente el calor metabólico generado.

MEDIR EL CALOR PARA PODER ACTUAR: ¿CÓMO SE EVALÚA EL ESTRÉS TÉRMICO?

El indicador más utilizado para medir el estrés por calor es el índice de temperatura y humedad (THI) (Tabla 1), que permite estimar el grado de estrés térmico combinando la temperatura ambiental y la humedad relativa.

El THI se utiliza para evaluar la intensidad del estrés térmico en las vacas y, cuando es elevado, los animales tienen dificultades para disipar el calor de forma eficiente.

El aumento de la temperatura corporal central reduce la ingesta de alimento, lo que se traduce en:

Menor producción de leche

Disminución de sus componentes

Deterioro del rendimiento reproductivo

Por ello, el primer paso para hacer frente a este problema consiste en gestionar el rebaño y las instalaciones para minimizar el impacto negativo de un THI moderado o alto.

Otros indicadores importantes de estrés térmico son la temperatura corporal (>38,7 °C) y la frecuencia respiratoria (>80 respiraciones/min), siendo esta última un excelente predictor de estrés térmico en vacas lecheras.

CUANDO EL CALOR ALTERA TODO: RESPUESTAS DEL ANIMAL AL ESTRÉS TÉRMICO

Los procesos fisiológicos desencadenados por el estrés térmico en las vacas lecheras implican alteraciones en el metabolismo energético y la disrupción del eje hipotálamo-hipófisis-endocrino, que regula funciones clave como la respuesta al estrés y la lactancia.

Estos cambios pueden afectar la capacidad de la glándula mamaria para utilizar los nutrientes y producir leche.

La producción de leche y sus componentes están estrechamente relacionados, siendo estos últimos más sensibles al estrés térmico que el volumen total producido.

Los efectos del estrés por calor no se limitan a la producción…

Las condiciones cálidas y húmedas asociadas al estrés térmico favorecen la proliferación de patógenos ambientales, lo que aumenta el riesgo de infecciones como la mastitis en vacas lecheras. Además, este contexto compromete el bienestar animal y contribuye a mayores pérdidas económicas.

A partir de este momento, el organismo activa una serie de respuestas fisiológicas y metabólicas para disipar el calor que, aunque necesarias para mantener la homeotermia, tienen consecuencias directas sobre la ingesta, el metabolismo, la salud y el rendimiento productivo del animal:

1. Reducción de la ingesta de materia seca

El rumen actúa como una cuba de fermentación en la que la microbiota ruminal degrada los alimentos y, en ese proceso, además de nutrientes para la vaca, se genera calor.

En condiciones de estrés térmico, el animal reduce su ingesta con el fin de disminuir su temperatura corporal, lo que impacta directamente en su balance energético

2. Aumento del gasto energético para disipar calor

Cuando una vaca está expuesta al estrés por calor, destina una parte considerable de su energía metabólica a mantener la homeotermia mediante mecanismos como:

Este esfuerzo termorregulador puede representar un 20-30 % del gasto energético total del animal durante episodios de calor intenso, reduciendo la energía disponible para funciones productivas como la síntesis de leche o la reproducción.

3. Reducción del flujo sanguíneo intestinal y respuesta inflamatoria

Ante el estrés térmico, el organismo prioriza la disipación del calor redirigiendo el flujo sanguíneo desde los órganos internos hacia la piel y las extremidades, reduciéndose la irrigación del tracto gastrointestinal y comprometiendo la integridad de la mucosa intestinal.

Este fenómeno incrementa la permeabilidad intestinal, permitiendo el paso de endotoxinas y otros patógenos al torrente sanguíneo.

La presencia de estas sustancias desencadena una respuesta inflamatoria sistémica que agrava el estado del animal y puede afectar negativamente:

4. Pérdida de potasio y desequilibrio electrolítico

Durante los episodios de estrés térmico, el aumento de la sudoración y la hiperventilación favorecen la pérdida de electrolitos esenciales, especialmente potasio, a través de la saliva, la orina y el sudor.

Este mineral es clave para funciones vitales como la contracción muscular, la motilidad ruminal y el equilibrio ácido-base, y una disminución en sus niveles puede provocar hipopotasemia.

El desequilibrio electrolítico también compromete la capacidad de respuesta al estrés y puede agravar trastornos metabólicos como la acidosis.

5. Disminución de la inmunidad

El estrés térmico actúa como un estresor que estimula la liberación de cortisol, una hormona que, en niveles elevados y sostenidos, deprime la respuesta inmunitaria.

Esto reduce la eficacia de las defensas del organismo y aumenta la susceptibilidad a enfermedades como mastitis, metritis o problemas respiratorios.

6. Impacto en la reproducción

El estrés térmico altera el equilibrio hormonal necesario para la función reproductiva.

Disminuye la secreción de hormonas clave como la LH y el estradiol, lo que afecta a la ovulación y a la calidad del folículo.

Reduce la tasa de detección de celos, incrementa el número de servicios por concepción y eleva el riesgo de pérdidas embrionarias tempranas.

7. Alteraciones en la conducta

Las vacas bajo estrés térmico modifican su comportamiento para minimizar la acumulación de calor.

Se observa una reducción de la actividad física, menos tiempo dedicado al descanso y a la rumia, y un aumento del tiempo que permanecen de pie, ya que esta postura facilita la disipación del calor corporal.

Tienden a concentrarse en las zonas más frescas o ventiladas de la nave, lo que puede generar hacinamiento localizado, aumentando el riesgo de lesiones, problemas sanitarios y competencia por el alimento o el agua.

Suelen consumir la mayor parte del alimento en las horas más frescas del día y evitan la exposición directa al sol.

MANEJO NUTRICIONAL PARA HACER FRENTE AL ESTRÉS POR CALOR

Concentración de la ración

Es necesario reformular las dietas para lograr una densidad adecuada de nutrientes que cubra los requerimientos recomendados para cada etapa. Para ello, pueden considerarse distintas estrategias:

Aumento del aporte de concentrados

Generan menos calor durante la digestión que los forrajes, pero no siempre es viable, puesto que en muchos casos la proporción de concentrados ya es elevada y un incremento adicional podría favorecer la aparición de acidosis.

Concentración del aporte energético en forma de grasa

Preferentemente en forma inerte, para evitar efectos negativos sobre la flora ruminal.

Si la grasa no es inerte, su biohidrogenación en el rumen puede generar moléculas intermedias que reduzcan la producción de grasa en la glándula mamaria.

Esta estrategia debe utilizarse con moderación, ya que puede disminuir el consumo de alimento.

Mejora de la digestibilidad de la ración

La inclusión de aditivos, como las levaduras, permite aumentar el aprovechamiento de los nutrientes al aportar factores de crecimiento para la microbiota ruminal.

Proteína de la ración

El metabolismo de las proteínas genera una cantidad considerable de calor durante la digestión, lo que adquiere especial relevancia en situaciones de estrés por calor.

Por ello, ajustar su contenido y degradabilidad se convierte en una herramienta clave para reducir la carga térmica y mejorar la eficiencia metabólica del animal a través de las siguientes estrategias:

Optimización del nitrógeno y del equilibrio ruminal

El uso de fuentes de nitrógeno de liberación controlada puede favorecer el equilibrio microbiano en el rumen y mejorar la digestión de la fibra sin aumentar el contenido proteico total.

Esto contribuye a reducir el riesgo de acidosis ruminal y el gasto energético asociado a la eliminación de nitrógeno no aprovechado.

Cuando el perfil de degradación de la proteína no se acompaña de un adecuado perfil de degradación de los hidratos de carbono, el exceso de amoníaco genera un aumento de la urea en sangre, lo que implica un elevado consumo energético.

Mejora de la digestibilidad de la proteína

Se recomienda reducir el uso de proteínas de difícil digestión y optar por fuentes más digestibles para minimizar la producción de calor durante la fermentación.

Aporte de aminoácidos protegidos

El aporte de aminoácidos protegidos (proteína bypass) es especialmente relevante en condiciones de estrés por calor.

En este contexto, aumenta la demanda de metionina para la síntesis de inmunoproteínas, glutatión y taurina. Dado que las necesidades para la producción de leche apenas se cubren, se recomienda la inclusión de metionina de alta biodisponibilidad.

Fibra

La fibra desempeña un papel clave en la nutrición de rumiantes, pero su manejo adquiere especial relevancia en condiciones de estrés por calor.

Dado que su fermentación en el rumen genera una elevada producción de calor, es necesario ajustar su cantidad y calidad para reducir la carga térmica sin comprometer la salud ruminal ni el bienestar animal.

En este contexto, se proponen las siguientes estrategias:

Ajuste del contenido de fibra

Reducir el contenido de fibra puede ser útil para limitar el calor de fermentación, pero debe realizarse con cautela, ya que es imprescindible mantener niveles adecuados que garanticen la rumia, la salud ruminal y el bienestar de los animales.

Mejora de la calidad y digestibilidad

Se recomienda utilizar forrajes de alta calidad, más digestibles y con menor producción de calor, especialmente en épocas de mayor estrés térmico.

En dietas de verano, se suele disminuir el contenido de fibra bruta, priorizando siempre la calidad de la fibra para asegurar una elevada digestibilidad y una adecuada producción de Ácidos Grasos Volátiles (AGV).

Control del nivel de FND

El contenido de Fibra Neutro Detergente (FND) debería constituir el 28–32 % de la ración y provenir de fuentes de alta calidad, incluyendo forrajes bien conservados y subproductos fibrosos.

Manejo de la longitud de la fibra

La longitud de la fibra debe ser suficiente para estimular la rumia (≥ 2,5 cm), pero sin ser excesiva, con el fin de evitar la selección y favorecer una mayor tasa de paso ruminal.

Almidones

En condiciones de estrés térmico, es fundamental evitar un exceso de almidón, ya que puede favorecer la aparición de acidosis ruminal subaguda.

Una estrategia adecuada consiste en combinar cereales con diferentes velocidades de fermentación y trabajar con niveles del 20–25 % de la materia seca.

Grasas

La inclusión de grasas es una estrategia recomendable para compensar la reducción del almidón y aumentar la densidad energética de la dieta. Sin embargo, el contenido total de lípidos no debería superar el 5–7 %.

En situaciones de depresión de la ingesta asociadas al calor, las grasas permiten incrementar el aporte energético y mantener la producción. Además, generan menos calor durante su digestión que los carbohidratos y la fibra.

El uso de grasas protegidas permite aumentar la densidad energética sin afectar al funcionamiento del rumen.

Levaduras vivas

Las levaduras activas ayudan a estabilizar el pH ruminal al favorecer el desarrollo de bacterias consumidoras de lactato, mejorando también la digestión de la fibra y estimulando la actividad microbiana, incluso en condiciones de estrés térmico.

Como resultado, contribuyen a mejorar la ingesta y la eficiencia alimentaria.

Diversos estudios demuestran que la suplementación con levaduras vivas reduce el potencial redox del rumen, favoreciendo la digestión de la fibra y la actividad de bacterias anaerobias, incluso en condiciones de estrés por calor.
Antioxidantes y equilibrio redox

El estrés térmico incrementa la producción de radicales libres y favorece la aparición de estrés oxidativo, lo que compromete la salud, la inmunidad y el rendimiento productivo de los animales.

En este contexto, la suplementación con antioxidantes y el mantenimiento del equilibrio redox se convierten en herramientas clave.

Entre los suplementos más utilizados destacan la selenometionina, la metionina protegida, la vitamina A de alta biodisponibilidad y los aditivos que mejoran la digestibilidad de la dieta, contribuyendo a optimizar el estado antioxidante del animal.

Vitaminas antioxidantes

Las vitaminas C y E contribuyen a proteger las células frente al daño oxidativo y a mejorar la respuesta inmunitaria en condiciones de estrés por calor.

Minerales con función antioxidante

El selenio desempeña un papel fundamental en el sistema antioxidante.

Su suplementación, especialmente en forma de selenometionina, mejora la resistencia al estrés oxidativo y contribuye a mantener el rendimiento productivo y el estado general del animal.

Betacarotenos

Los betacarotenos actúan como antioxidantes y pueden favorecer la salud reproductiva, especialmente en situaciones de estrés térmico.

Microminerales en forma orgánica

La suplementación con microminerales en forma orgánica es una estrategia clave para mejorar la respuesta inmunitaria, antioxidante y productiva en condiciones de estrés térmico.

Debido a la menor ingesta de materia seca en verano, estas formas presentan mayor biodisponibilidad y absorción intestinal que las fuentes inorgánicas.

Balance de electrolitos y minerales

En condiciones de calor, los bovinos pierden minerales esenciales, especialmente sodio y potasio, a través del sudor y la orina.

El ajuste del balance electrolítico (Na, K y Mg) mejora la hidratación celular y reduce el impacto del estrés térmico.

Potasio (K): se pierde en grandes cantidades, por lo que se recomienda aumentar su nivel (>1,5 % de la MS).

Sodio (Na): esencial para la rehidratación y la función muscular.

Magnesio (Mg): clave en el equilibrio electrolítico y la función muscular.

Sales aniónicas: ayudan a equilibrar el balance catión-anión y prevenir la hipocalcemia.

Bicarbonato de sodio: estabiliza el pH ruminal y previene la acidosis.

CONCLUSIONES

Las estrategias para hacer frente al estrés por calor deben abordarse de forma conjunta, ya que la aplicación de una única medida resulta insuficiente para mitigar su impacto.

En este sentido, las intervenciones nutricionales deben ir siempre acompañadas de prácticas de manejo orientadas a estimular la ingesta:

Garantizar la disponibilidad de agua fresca.

Ajustar los horarios de alimentación a los momentos de menor carga térmica.

Aumentar la frecuencia de suministro de alimento.

Realizar un seguimiento continuo de los consumos.

 

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