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De la fisiología a la decisión económica: por qué se reducen la ingesta y la rumia, por qué las vacas secas también cuentan, y cómo los datos de comportamiento ayudan a priorizar las medidas de enfriamiento.
El estrés por calor es una de las principales causas de pérdidas económicas en el sector lechero, y estas pérdidas son proporcionales a:
El grado de exposición (días y horas al año por encima del umbral).
El nivel de producción.
Determinadas prácticas de manejo y nutrición.
| En este contexto, la monitorización del comportamiento basada en el animal (ingesta, rumia, jadeo) permite cuantificar el impacto del estrés por calor en cada grupo productivo y, con ello, priorizar la inversión en medidas de enfriamiento en los momentos y grupos de animales que más lo necesiten. |
EL ALCANCE REAL DEL IMPACTO: MÁS ALLÁ DE LA VACA EN LACTACIÓN
Históricamente, el manejo del estrés térmico se ha centrado en la vaca de alta producción, donde el impacto es visible y rápido. Sin embargo, el calor afecta a todas las fases del ciclo productivo, con consecuencias que se prolongan mucho más allá del verano.

EL GRUPO OLVIDADO: LA VACA SECA Y LOS EFECTOS INTERGENERACIONALES
Distintos trabajos han demostrado que refrigerar la vaca seca no es un lujo, sino una inversión con retorno diferido y prolongado.
El estudio de referencia (Tao y Dahl, 2013) mostró que el estrés por calor durante la gestación tardía/periodo seco reduce la producción de la lactación siguiente, incluso cuando la vaca dispone de medidas de enfriamiento una vez parida.
Refrigerar durante todo el periodo seco revierte gran parte de ese efecto negativo postparto y mejora el estado inmunitario a lo largo del ciclo de vida (Dahl, Tao y Laporta, 2020).
La parte más novedosa es la programación fetal.
La hipertermia intrauterina durante la gestación tardía deja una huella epigenética en la recría que se traduce, entre otros efectos, en:
Menor peso al nacimiento y peor transferencia pasiva de inmunidad.
Alteración del desarrollo de la glándula mamaria que compromete su futura producción.
Modificaciones del eje hipotálamo-hipófisis- adrenal.
(Guadagnin y col., 2024)
Trabajos recientes documentan además que el calor in utero altera la estructura y función placentaria y compromete el crecimiento corporal y el desarrollo mamario desde el destete hasta la pubertad (Ouellet y col., 2020; Dahl, Tao y Laporta, 2020; Westhoff y col., 2024).
El hallazgo con mayor implicación práctica es el carácter transgeneracional (Figura 1).
| Es decir, el calor que sufre hoy una vaca seca puede penalizar la productividad y la tolerancia al calor de varias generaciones de su descendencia. Este efecto no se observa de forma inmediata, pero condiciona la rentabilidad futura del rebaño (Figura 2). |


EL IMPACTO REPRODUCTIVO Y LA EFICIENCIA ECONÓMICA
La fertilidad es uno de los componentes más caros del calor (descenso del 30–60 % y caída de la detección de celos en torno al 50 %).
El grupo de la Universidad de Florida enmarca este coste dentro de la eficiencia reproductiva y su impacto en la eficiencia alimentaria:
Una peor eficiencia reproductiva alarga el intervalo entre partos, desplaza a las vacas hacia días en leche menos productivos y eleva el coste de reposición, reduciendo el ingreso sobre coste de alimentación (IOFC).
En sus análisis más recientes (Chebel y col., 2025) se cuantifica cómo el rendimiento reproductivo modula directamente la rentabilidad por plaza. Esta penalización reproductiva puede ligarse directamente al comportamiento monitorizado.
En el análisis de Chebel y col. (2025), el porcentaje de vacas con jadeo a nivel de corral (%VJC) el día de la inseminación se asoció de forma inversa con la probabilidad de preñez.
| Al restringir el análisis a los meses de verano (mayo–septiembre) aparece un matiz relevante para el manejo: la probabilidad de preñez depende tanto del jadeo diurno como del jadeo nocturno (mediana nocturna de %VJC), de manera que la peor fertilidad se concentra en los corrales con jadeo elevado de día y de noche. |
La implicación es doble:
1 El jadeo no es solo un indicador de pérdida de leche, sino un predictor cuantitativo de fertilidad que podemos utilizar a pie de granja para anticipar resultados reproductivos.
2 El enfriamiento nocturno importa, porque el calor acumulado durante la noche también compromete la concepción, algo que el THI puntual medio no identifica.
El profesor Ricardo Chebel trabaja además dos aspectos muy aplicativos:
La automatización y las tecnologías de precisión para manejar a cada vaca según sus necesidades (reduciendo el uso de hormonas).
El enfriamiento de la recría.
| Un ensayo aleatorizado (Montevecchio y col., 2024) evaluó la refrigeración de terneras desde la fase lactante mediante ventiladores de techo y su efecto sobre el crecimiento y la primera lactación —una de las pocas evidencias específicas en animales jóvenes, complementaria a los sistemas de ventilación por presión positiva validados por el grupo de Wisconsin para terneras. |

¿CÓMO PODEMOS EVALUAR EL IMPACTO DEL ESTRÉS POR CALOR Y DE LAS ESTRATEGIAS DE ENFRIAMIENTO?
El planteamiento de Israel Flamenbaum (Cow Cooling Solutions) parte del balance térmico del animal:
La vaca produce calor metabólico (más cuanto mayor es su producción) y dispone de vías de disipación evaporativas y no evaporativas. Cuando la producción de calor supera la capacidad de disipación, aparece un excedente que debe eliminarse de forma activa.
| Ahí entra el enfriamiento mediante combinación de mojado y ventilación forzada. La recomendación de referencia es un enfriamiento intensivo de varias sesiones que sumen del orden de seis horas acumuladas al día. |
Para evaluar si una granja gestiona bien el verano, Flamenbaum popularizó el índice “relación verano:invierno”, que compara el rendimiento de los tres meses de verano (jul–sept) con el de tres de invierno (ene–mar), tomando el invierno como base.
Las mejores granjas mantienen relaciones de producción cercanas a 0,99 (apenas pierden en verano), mientras que las peores caen hasta ~0,88 y sufren además fuertes caídas de la tasa de concepción estival.
Es una herramienta de evaluación comparativa muy útil para fijar objetivos y comparar la propia explotación con su zona y nivel productivo. |

DE LA PERCEPCIÓN AL DATO: MONITORIZACIÓN DEL ESTRÉS POR CALOR
Para activar sistemas de enfriamiento solemos usar el índice de temperatura-humedad (THI) [THI = 0,8·T + HR·(T−14,4) + 46,4], con umbrales de referencia:

El THI es útil, pero mide el riesgo ambiental, no el impacto sobre el animal: no incorpora el alojamiento (ventilación, aislamiento de la cubierta) ni la fase productiva. Dos grupos bajo el mismo THI pueden estar sufriendo de forma muy distinta.
| La alternativa robusta es la monitorización basada en el animal.
El índice de jadeo es un indicador validado del estrés térmico (Bar y col., 2019; Islam y col., 2020) y los sistemas de monitorización automatizada, como SenseHub® Dairy, permiten detectar de forma objetiva estos cambios de comportamiento en tiempo real, cuantificando la presencia de estrés por calor en el grupo.
|

Un trabajo reciente de Chebel y col. (2026) cuantifica ese umbral mediante el análisis del punto de corte (break-point) en la relación entre el porcentaje de vacas con jadeo (%VJC) y el THI (n = 8.779; R² = 0,712).
Por debajo de un THI de 79,3 la relación era casi plana: el ambiente sube el valor THI, pero el jadeo apenas responde.
Por encima de ese umbral, la pendiente se multiplica por más de doce (Figura 4), de modo que cada punto adicional de THI dispara el porcentaje de vacas jadeando.

| El mensaje refuerza la idea anterior: existe un punto de inflexión real, medido sobre el animal, a partir del cual el impacto deja de ser lineal y se acelera.
|

IDENTIFICAR LOS GRUPOS Y MOMENTOS DE MAYOR RIESGO
La principal ventaja operativa es poder comparar grupos dentro de la misma granja y bajo un mismo THI.
Las Figura 5-7 muestran los minutos diarios de ingesta, rumia y jadeo en los distintos grupos de una misma explotación (Fernández y col., 2024).

Las gráficas de rutina diaria permiten responder a distintas preguntas:
¿A qué horas impacta más el estrés por calor?
¿Cuánto dura el efecto de un cooling?
¿A qué horas comen y rumian?
¿Los arrimados de comida son efectivos?
| Además, las gráficas de tendencia a largo plazo (por mes del año) nos permiten evaluar su estacionalidad. |

Por otro lado, el análisis de los datos por grupo (Figura 7), nos permite visualizar dónde se concentra el problema. Así en la granja del estudio de Fernandez y col. (2024) pudimos ver cómo:
Los grupos de alta producción (Lactación 1 y 2) tuvieron el tiempo de jadeo más elevado (294 y 281 min/día) y la ingesta y rumia más bajas. Es coherente con el eje metabólico: más producción → más calor metabólico → mayor vulnerabilidad. Son, por tanto, el primer objetivo de inversión en medidas de enfriamiento.
Las vacas secas mostraron el menor tiempo de jadeo (55 min/día) y el mayor de rumia (540 min/día): el grupo aparenta estar “cómodo”. Un punto a considerar a la hora de su interpretación es que en la granja de estudio las vacas secas recibían 4 horas diarias de enfriamiento repartidas en 6 sesiones, en una sala de refrigeración: lo que amortiguaba los efectos del estrés térmico ambiental.
El preparto presentaba un jadeo intermedio (180 min/día) pese a no estar en lactación: es un grupo de riesgo que a menudo cuenta con pocas medidas de enfriamiento, y el que más interesa vigilar a la luz de la programación fetal.

DIRIGIR LA INVERSIÓN EN MEDIDAS DE ENFRIAMIENTO, HACIA LOS PUNTOS DE MÁXIMO RETORNO
La decisión de invertir en medidas de enfriamiento se sostiene sobre un balance económico sencillo.
Un modelo de retorno (Flamenbaum, 2010) compara una situación con y sin enfriamiento e integra los beneficios (más leche por vaca y año, mejor eficiencia alimentaria, mejor fertilidad y menos descartes) frente a los costes (equipo, electricidad, agua y mano de obra).
| En el ejemplo de hoja de cálculo del proyecto, para un rebaño de 200 vacas, las medidas de enfriamiento se asociaban a mejoras del orden de +1.000 L/vaca y año y a una mejora de la eficiencia alimentaria en verano. |
La rentabilidad real, sin embargo, es muy específica de cada granja. Depende de:
El número de días/año por encima del umbral.
El nivel de producción.
El coste de la energía.
Aquí es donde la monitorización transforma una decisión genérica en una decisión priorizada. En lugar de invertir “en toda la granja por igual”, los datos de comportamiento permiten:

Este es el ciclo de mejora continua que, repitiendo cada temporada, cierra el círculo:

CONCLUSIONES
El mensaje clave es doble:
El calor cuesta más allá de la caída en producción y fertilidad, ya que afecta a más animales de los que parece (vaca seca y su descendencia).
La monitorización basada en el animal convierte la información directa del impacto en el animal en información accionable a nivel de grupo, y esa información es la que permite invertir en implantar o reforzar las medidas de enfriamiento, allá donde más necesidad haya y más retorno nos den.
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BIBLIOGRAFÍA
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