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El estrés por calor altera el comportamiento de las vacas lecheras como mecanismo para reducir la carga térmica.
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ESTRÉS POR CALOR Y COMPORTAMIENTO EN VACAS LECHERAS
El cambio climático y el consiguiente aumento de los episodios de estrés por calor representan uno de los principales desafíos para la producción lechera moderna.
El incremento progresivo de las temperaturas y la mayor frecuencia de fenómenos climáticos extremos afectan de forma directa al bienestar, salud y productividad de las vacas lecheras. Entre sus consecuencias se incluyen:
Reducción en la producción y calidad de la leche.
Alteraciones reproductivas.
Cambios metabólicos.
Menor capacidad de respuesta inmunitaria.
El ganado lechero es especialmente sensible a las altas temperaturas y a la humedad ambiental debido a la importante cantidad de calor que produce como consecuencia de la actividad metabólica asociada a la producción de leche. |
Cuando el calor generado internamente se suma a unas condiciones ambientales desfavorables, la capacidad del animal para mantener su equilibrio térmico puede verse comprometida, provocando un aumento de la temperatura corporal.
Las modificaciones del comportamiento constituyen algunas de las primeras respuestas observables frente al estrés térmico. Cuando las temperaturas aumentan, las vacas adaptan sus hábitos para reducir la carga de calor corporal.

Para evaluar este riesgo se utiliza habitualmente el índice temperatura-humedad (THI, por sus siglas en inglés), que combina ambos parámetros en un único indicador de estrés climático.

Está ampliamente aceptado que el estrés térmico afecta a las vacas en cualquier fase de la lactación, pero existe cierta controversia sobre qué etapa resulta más vulnerable.
| En este contexto, el presente estudio evaluó cómo interactúan el estrés por calor y la fase de lactación para modificar el comportamiento de vacas Holstein Friesian, con el objetivo de mejorar las estrategias de manejo en las granjas lecheras. |

MONITORIZANDO EL COMPORTAMIENTO BAJO ESTRÉS TÉRMICO
El estudio se llevó a cabo durante el verano de 2024 en una granja lechera comercial con 60 vacas Holstein Friesian distribuidas en tres grupos según su fase de lactación:
Inicio de la lactación (≤60 días en leche).
Mitad de la lactación (61-180 días).
Final de la lactación (>180 días).
Todas las vacas se alojaron en una nave de estabulación libre con ventilación natural y sin sistemas activos de refrigeración, reproduciendo condiciones habituales de producción.
Durante un mes se registraron de forma continua el tiempo dedicado a la alimentación, la rumia y la inactividad mediante collares electrónicos de monitorización automática, una tecnología ampliamente validada para el seguimiento del comportamiento bovino.
En total se recopilaron 1.680 registros conductuales.

| Paralelamente, se monitorizó diariamente la temperatura y humedad dentro de la nave para calcular el índice temperatura-humedad (THI), clasificando los datos en dos niveles de estrés térmico. |
Se aplicaron modelos estadísticos avanzados para analizar cómo interactúan el nivel de estrés por calor y la fase de lactación en la modificación del comportamiento de las vacas.


EL CALOR CAMBIA EL COMPORTAMIENTO DE LAS VACAS
Los resultados mostraron diferencias marcadas en el comportamiento de las vacas cuando el estrés por calor pasó de moderado a severo.
Las vacas dedicaron menos tiempo a la alimentación y a la rumia, mientras que aumentaron significativamente los periodos de inactividad (Gráfica 1). Bajo condiciones de estrés térmico severo:
El tiempo de alimentación se redujo en 53,5 minutos al día respecto a situaciones de estrés moderado.
La rumia disminuyó en menor medida, con una reducción de 17,9 minutos diarios.
La inactividad aumentó en 77 minutos al día, reflejando una menor actividad general de los animales.

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La alimentación es la primera actividad que se resiente
El tiempo dedicado a la alimentación disminuyó significativamente en todas las fases de lactación conforme aumentaba la intensidad del estrés por calor (Gráfica 2).


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La alimentación es la primera actividad que se resiente
El efecto del estrés térmico sobre la rumia fue diferente según la fase productiva de las vacas (Gráfica 2).
Las vacas en inicio de lactación mantuvieron prácticamente inalterado el tiempo de rumia incluso bajo condiciones de estrés térmico severo, permaneciendo en torno a los 575 minutos diarios.
En las vacas de lactación media se observó una ligera reducción, aunque sin alcanzar significación estadística.
Las vacas en fases avanzadas de lactación mostraron una respuesta claramente diferente. En este grupo, la rumia descendió desde 486 hasta 449 minutos diarios cuando el estrés por calor pasó de moderado a severo, lo que supone una reducción de 37,4 minutos al día.
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Más calor, más tiempo inactivas
La inactividad aumentó significativamente en todas las fases de lactación a medida que se intensificaba el estrés térmico (Gráfica 2).

De nuevo, las vacas al final de la lactación fueron las que mostraron la respuesta más marcada, con un incremento de 94,7 minutos diarios de inactividad.
En comparación, las vacas al inicio y media lactación aumentaron su tiempo de inactividad en 61,1 y 74,1 minutos al día, respectivamente.
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El THI revela una mayor sensibilidad en las vacas de final de lactación
El análisis del efecto del THI sobre el comportamiento confirmó que la respuesta al estrés térmico se intensifica conforme avanza la lactación (Tabla 1).
La reducción del tiempo de alimentación fue progresivamente más intensa desde el inicio hasta el final de la lactación.
La rumia únicamente se vio afectada de forma significativa en las vacas de lactación tardía.
La inactividad aumentó en todas las fases, alcanzando su mayor incremento en los animales al final de la lactación.

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¿POR QUÉ CAMBIA EL COMPORTAMIENTO DE LAS VACAS CUANDO AUMENTA EL CALOR?
Menos alimentación y menos rumia: una estrategia para generar menos calor
El estrés por calor modifica de forma significativa el comportamiento de las vacas lecheras.
A medida que aumenta la severidad del estrés térmico, las vacas reducen el tiempo dedicado a la alimentación y a la rumia, mientras incrementan los periodos de inactividad.
La reducción de la alimentación y la rumia puede interpretarse como una estrategia para limitar la producción interna de calor asociada a la digestión y fermentación ruminal.

La inactividad aumenta para ahorrar energía y disipar calor
El incremento de la inactividad fue uno de los cambios conductuales más evidentes observados en el estudio.
El movimiento supone un gasto energético importante y una parte considerable de esa energía acaba transformándose en calor. Por ello, reducir la actividad constituye una estrategia eficaz para limitar la producción de calor metabólico adicional.
Las vacas modifican su postura para favorecer la disipación térmica.
Permanecer de pie aumenta la superficie corporal expuesta al aire y facilita la pérdida de calor mediante convección, radiación y evaporación.
De este modo, la reducción de la actividad física y el aumento del tiempo de reposo forman parte de una respuesta adaptativa destinada a mantener la temperatura corporal dentro de límites compatibles con el bienestar animal.
Las vacas al final de la lactación muestran una mayor sensibilidad al estrés térmico
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue la interacción entre el estrés por calor y la fase de lactación.
Todas las vacas modificaron su comportamiento cuando aumentó el THI, pero los cambios fueron más acusados en los animales al final de la lactación.
Estas vacas mostraron las mayores reducciones en el tiempo dedicado a la alimentación y la rumia, así como los mayores incrementos en la inactividad. |
En cambio, las vacas al inicio y en la mitad de lactación mantuvieron en mayor medida sus actividades relacionadas con la ingestión de alimento.
Una posible explicación es que las vacas en las primeras fases de lactación tienen elevadas necesidades energéticas para mantener la producción de leche.
Esta demanda fisiológica las obliga a mantener la ingestión de alimento incluso bajo condiciones ambientales adversas.
Las vacas al final de la lactación, en cambio, presentan menores requerimientos productivos y pueden reducir con mayor facilidad las actividades que generan calor metabólico.

MÁS ALLÁ DE LA PRODUCCIÓN: LAS VACAS DE FINAL DE LACTACIÓN TAMBIÉN NECESITAN PROTECCIÓN FRENTE AL CALOR
A medida que aumenta la intensidad del estrés térmico (THI ≥77), disminuye el tiempo dedicado a la alimentación y la rumia, mientras aumenta la inactividad, reflejando los esfuerzos de los animales por reducir la producción interna de calor y mantener su equilibrio térmico.
Las vacas al final de la lactación muestran una mayor sensibilidad al estrés térmico, con reducciones más acusadas en el tiempo de alimentación y rumia, así como mayores incrementos de la inactividad.
Estos hallazgos sugieren que las vacas en lactación tardía podrían requerir una atención específica dentro de los programas de mitigación del estrés por calor.
Para reducir el impacto del estrés térmico, especialmente en vacas al final de la lactación, se pueden implementar diversas medidas de manejo:

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Artículo traducido y adaptado de: Artículo traducido y adaptado de: Baccouri W, Wanjala G, Tóth V, Komlósi I, Mikó E. The effect of different levels of heat stress on the behaviour of cows at different stage of lactation. Journal of Thermal Biology. 2025;134:104334. https://doi.org/10.1016/j.
jtherbio.2025.104334 (CC BY 4.0)
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