AUTOR

Ángel Poto Remacha

Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (IMIDA)

Begoña Peinado Ramón

Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (IMIDA)

Laura Almela Veracruz

Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (IMIDA)

Sonia Galián Arnaldos

Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (IMIDA)

Dentro de los animales productores de leche, el ganado caprino supone el ejemplo claro de lo que es la transformación en la aceptación de un producto que llegó a ser muy denostado en los tiempos del avance económico propuesto por las Naciones Unidas en los años sesenta.

La producción láctea en los países en vías de desarrollo, poco después desarrollados, se derivó hacia el consumo de leche de vaca, procediendo principalmente de la raza Frisona, quedando las razas caprinas y, en concreto, la Murciano Granadina postergadas al ostracismo.

Se basó en argumentos no del todo veraces:

Presencia de brucelosis o fiebre de Malta en estos animales

Ingesta de ramas durante el pastoreo

Desprestigio del cabrero como ganadero poco cualificado

El resto de los países siguieron utilizando los derivados del ganado caprino como alimentos de gran calidad, pero no por ello dejaba de ser “la vaca del pobre”.

En la primera mitad del siglo XX, las cabras de producción láctea abastecían de leche a la población y, para ello, los animales eran conducidos por las calles de las ciudades, siendo ordeñados delante del comprador de leche, con lo que había pocas posibilidades de fraude.

Además, se daba el caso de que las cabras eran llamadas por su nombre y se asignaban a cada cliente hasta que dejaban de dar leche por el secado próximo al parto.

Los servicios de salud de la época recomendaban el hervido de la leche para evitar la transmisión de alguna enfermedad. Tras recorrer los domicilios de la clientela, el rebaño volvía a su aprisco donde recibía un nutritivo alimento para después salir a pastorear.

A partir de los años ochenta, se produjo un relanzamiento de los pequeños rumiantes como motor del desarrollo de las zonas rurales en riesgo de despoblación, siendo la estrella de la ganadería extensiva.

Al mismo tiempo, se desarrollaron sistemas de manejo semi-intensivos, a los que se adaptó perfectamente la cabra Murciano Granadina:

Se sustituyó el ordeño a mano por el mecánico, incorporando el mantenimiento de la leche por debajo de 4ºC hasta que era retirada de la granja.

Se inició la lactancia artificial del cabrito con la importación de nodrizas que utilizaban lactoreemplazantes.

Se mejoró la alimentación con la aparición de cultivos hidropónicos, ensilados y, en definitiva, realizando una alimentación más técnica.

Pero lo que verdaderamente impulsó la ganadería de pequeños rumiantes fueron los programas de lucha y saneamiento frente a la brucelosis y tuberculosis, junto a las asociaciones para la mejora genética, logrando eliminar la mala fama del caprino murciano. En la actualidad, un queso o cualquier otro producto derivado de cabra Murciano Granadina que se observa en los lineales de compra se interpreta como un alimento sano, seguro y nutritivo, fruto de una trazabilidad bien ejecutada en todo el recorrido del producto, desde la ubre al consumidor.

Además, las producciones de los animales han mejorado como consecuencia de las medidas que se han ido incorporando a la granja, evolucionando la producción media estimada desde





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