Venta de leche fresca a granel: Granjas-Vaquerías en las ciudades

Estos locales se distribuían por las ciudades como cualquier otro negocio y, a veces, contaban con un establo en la parte trasera donde las vacas eran ordeñadas.

La compra de la leche se hacia con un recipiente de aluminio, la lechera, que tenía varias capacidades (la más habitual era la de 1 litro).

Las lechería contaban con unas grandes cántaros de leche en las que introducían un cazo de mango largo. Solían ser de latón, aluminio o acero inoxidable y contaban con un indicador interior para saber hasta dónde había que llenar el recipiente.

En esos tiempos existía restricción para comprar leche, y no se iba todos los días a por ella. Además, era obligatorio calentarla antes de consumirla, y no era aconsejable tardar más de dos días en hacerlo.

Durante los años 40 y gracias a la hemeroteca, sabemos que muchos establecimientos fueron multados por diversos motivos: leche aguada, malos pesajes…

Además de leche de vaca, algunas lecherías vendían también mantequilla, queso y requesón. Incluso tabletas de chocolate.

Cuando las lecherías tenían el establo en la trastienda podían denominarse vaquerías, y los animales estaban de manera permanente inmovilizados en la cuadra tras la tienda.

Es evidente que esta estabulación urbana creaba problemas sanitarios y malos olores.

Exceptuando estos casos, la leche que vendían las lecherías/vaquerías procedía de las granjas más cercanas o bien de ganaderos de la sierra que traían el producto en cántaros herméticamente cerrados.

También había lecheros que a primera hora de la noche recorrían las calles con un carro donde llevaban los cántaros, e iban voceando el producto.

La venta a granel de la leche empezó a sufrir la competencia de la leche envasada, hasta que fue prohibida por cuestiones de sanidad (Decreto del 4 de agosto de 1964, por el que se prohibía, en Madrid, la venta al público de leche no esterilizada ni higienizada, y que entró en vigor a partir del 1 de Septiembre de 1964).

En él se instaba a entregar toda la leche fresca producida fuera del casco urbano y destinada al consumo directo de la capital a centros de higienización.

Algunos datos, en Madrid:

1962: 729 establos y 11.757 vacas.
Mayo de 1968: 340 establos y 5.174 vacas.
1971: 270 establos y 5.258 vacas.
07-03-72, fecha de clausura: 229 establos y 3.659 vacas.

El 7 de Marzo de 1972 había quienes pensaban que se concedería una prórroga, pero el Ayuntamiento de Madrid mantuvo la firme decisión de su desmantelamiento, operación de evacuación que se llevó a cabo inmediatamente desde dicho día de forma escalonada durando algo mas de dos meses (Autor: José Manuel Seseña).

   Algo más de información…  

  • Había que estar muy atento a cuando subiera la leche para apagar el fuego y retirarla de la lumbre para evitar que se desperdiciase en época de tanta precariedad económica. El calentar la leche generaba nata y había quien la tiraba porque no le gustaba.
  •  El mundo empresarial de fabricantes de chocolate en la época tratada estaba muy atomizado, basta recordar los escaparates y estanterías de las antiguas tiendas de ultramarinos donde había un gran abanico de marcas sin relación entre ellas, muy diferente a la actualidad.
  •  La producción sobrante de leche de la cabaña de Cercedilla era enviada a través de la empresa León Tabanera, que, con camiones Ebro hacía el servicio de cualquier tipo de transporte a Madrid.
  • En algún pueblo de España siguió habiendo por las calles la venta a granel tolerada, que no autorizada, toda vez que quien así actuaba era familiar del que hacía “la vista gorda” permitiéndoselo solo a esa persona, hasta que definitivamente cesó en la actividad.

 




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