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AUTOR

Javier Marcos Sainero

Director Servicio Técnico Veterinario Vetia Animal Health

La producción lechera de ovejas y cabras, en España, ha adquirido en los últimos años un grado de tecnificación y de calidad sanitaria muy altos.

Dentro de las amenazas sanitarias que se ciernen sobre las poblaciones pecuarias involucradas en esta actividad ganadera, probablemente las más devastadoras son las que inciden sobre la capacidad reproductora (infertilidad, abortos) y las que hacen mella directa en la capacidad de sus ubres de producir leche.

Todos los ganaderos y veterinarios que se relacionan con los rebaños ovinos y caprinos de aptitud lechera vigilan estrechamente a la mamitis como una de las patologías que más peligro representa, porque es sabido que es una de las que más negativamente influye en la cantidad y la calidad de la leche que son capaces de producir.

La calidad bioquímica de la leche, su composición, el volumen del producto con relación a los potenciales genéticos, de alimentación, etc. así como su calidad organoléptica y sanitaria, son sin duda lo que convierten la producción en valiosa, sin dejar de lado el problema del establecimiento en los rebaños de agentes patógenos específicos y contagiosos que invaden a la ganadería, merman su sanidad y acortan su potencial.

Como norma, todos los rebaños ovinos y caprinos de aptitud láctea deben tener un plan sanitario de aseguramiento de la producción lechera, con especial atención a la mamitis. Un veterinario especializado debe vigilar la incidencia de casos de esta enfermedad, la naturaleza de los agentes patógenos detectados y su capacidad de contagio, la observación y análisis de la leche colectiva, aspecto que facilita la interpretación de la incidencia de mamitis subclínicas en el rebaño.

Todo ello le permitirán establecer las medidas de carácter médico, higiénico sanitario y técnico que corrijan las desviaciones de la normalidad que debería prevalecer.

En esta rutina de vigilancia de la mamitis tradicionalmente se incluye un apartado, que en el último tiempo ha adquirido carta propia de naturaleza, relacionado específicamente con la agalaxia contagiosa.

La agalaxia contagiosa es una patología infecciosa propia de ovejas y cabras, con algunos matices según la especie, que, por tener una fuerte tendencia a manifestarse como mamitis, es fácil de detectar en las rutinas generales de vigilancia de esta enfermedad. Hay que recordar que la agalaxia contagiosa no solo impacta en la mama de los animales que la padecen.

Es una infección general que afecta a todo el organismo del paciente infectado y tradicionalmente se reconocen síntomas que constituyen la triada clásica de la agalaxia: mamitis intersticial, artritis y queratoconjuntivitis.

No siempre se detectan todos los síntomas con facilidad. En los enfermos con aptitud lechera, la mamitis es muy patente cuando se encuentran en fase productiva de producción de leche.

La mamitis relacionada con el síndrome de agalaxia contagiosa tiene características diferentes a las que producen otras infecciones de la mama, siendo típico que la ubre presente:

  • Una o las dos glándulas inflamadas, calientes e induradas (esta última condición es más patente cuando la enfermedad ha evolucionado).
  • Notable alteración de las características de la leche secretada, que se convierte en escasa, de aspecto acuoso sucio y, con frecuencia, con olor rancio.

El momento en el que el animal adquiere la infección suele condicionar los síntomas dominantes que se pueden observar:

  • Cuando la infección se produce en animales que aún no han parido es más visible la lesión ocular y la articular (esta última, según nuestra experiencia, es más frecuente en cabras) y suele asociarse a una transmisión oral por ingestión del agente infeccioso presente en alimentos, enseres, suelo, piel de la madre, etc.
  • En los animales que se encuentran en ordeño, la transmisión más dañina es la que se produce por el ordeño mecánico. Las pezoneras se contaminan con leche del animal enfermo, que excreta el agente infeccioso y transmite al siguiente animal que es ordeñado en la misma unidad de ordeño, penetrando el germen por vía retrógrada, directamente en el tejido mamario. Cuando predomina este tipo de diseminación y contagio se ven ubres con afectación unilateral con más frecuencia, aunque también se encuentran ubres con afectación bilateral e incluso ubres con afectación bilateral con diferente evolución en cada una de las glándulas.

La agalaxia contagiosa debe ser objeto de vigilancia específica y debe estar dotada de un plan específico para su control en todas las explotaciones lecheras.

La agresividad de la enfermedad y la rapidísima velocidad de diseminación que tiene no permite esperar y reaccionar cuando se vean los primeros síntomas en los primeros animales afectados, en ese momento ya es tarde.

En cuanto a los agentes infecciosos involucrados en la agalaxia contagiosa se considera que:

  • En las ovejas, la totalidad de casos están relacionados con Mycoplasma agalactiae.
  • En las cabras, aunque se mencionan y estudian otras especies de Mycoplasma spp., también es mayoritaria la identificación de M. agalactiae en nuestra cabaña, superior al 90%.

Los planes actuales para el control y la erradicación de la agalaxia contagiosa están estructurados en diferentes pasos, en dependencia del estado inicial, el ritmo a seguir y la situación final que se desea. En cualquier caso, sea cual sea la situación, es obligatorio que el plan exista, que sea puesto en práctica y que se hagan los controles pertinentes para garantizar su cumplimiento y progreso.

Los principales pilares en los que basar el plan de control de explotación son:

  • La detección de animales infectados (sintomáticos, asintomáticos y portadores), así como su eliminación.
  • Las medidas de bioseguridad establecidas en el plan.
  • La vacunación en aquellos rebaños en los que la interrupción de esta práctica suponga un riesgo de agravar la situación de partida.

En un buen número de rebaños de zonas endémicas la vacunación, más o menos organizada, mantiene el problema de la agalaxia contagiosa bajo control. En estos rebaños aspirar a una erradicación rápida es poco o nada viable desde el punto de vista económico. Hay que fijar plazos más largos en los que no se debería interrumpir la vacunación por el riesgo de sufrir un brote grave que afecte preferentemente a los animales más jóvenes, la forma más indeseable de brote.

La vacunación sistemática en rebaños con prevalencia alta de agalaxia contagiosa es un recurso de gran valor para compaginar los planes de control y erradicación porque mantiene controlados los brotes. Planteados con vacuna monovalente, con antígeno de M. agalactiae (todas nuestras experiencias de vacunación frente a agalaxia contagiosa se basan en el uso de Algontex), proporciona buenos resultados en este campo.

La prevalencia de otras especies en las cabras es baja y permite, en general, actuaciones individualizadas en esos casos si se detectan.

Es clave centrarse en la vacunación intensiva de los animales de reposición, de forma que esos efectivos lleguen a su primer parto libres de infección y con resistencia suficiente como para que su paso por la ordeñadora no los exponga a convertirse en infectados tempranos que los llevaría a ser improductivos de una forma precoz y a convertirse en diseminadores al sufrir la fase aguda de la enfermedad en pleno ordeño.

Cuando se aplican protocolos en la reposición de esta naturaleza, es posible ser más suave en los planes de vacunación de los animales adultos, lo que rebaja la presión de la posible interferencia de las vacunaciones en momentos críticos de la producción.

Se puede llegar a tener explotaciones que, aunque estén infectadas, no muestren animales sintomáticos, con lesiones aparentes, etc. Si bien en estas explotaciones vacunadas la serología queda inhabilitada para la detección de animales infectados, la utilización de métodos microbiológicos combinados con métodos de biología molecular permiten detectar estos animales que, por ser infectados portadores, deben ser paulatinamente eliminados del rebaño.




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