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La ganadería española redujo un 2,3 % sus emisiones de amoníaco durante 2024 respecto al año anterior y acumula un descenso del 17,6 %
La ganadería española redujo un 2,3 % sus emisiones de amoníaco durante 2024 respecto al año anterior y acumula ya un descenso del 17,6 % desde 2005, año tomado como referencia por la Directiva de Techos Nacionales de Emisión.
Los datos proceden de la edición 2026 del Inventario Nacional de Contaminantes Atmosféricos, que recoge la serie 1990-2024 y confirma que España ha cumplido por cuarto año consecutivo con los compromisos de reducción establecidos para este contaminante.
La evolución refleja el impacto de las medidas adoptadas en las explotaciones ganaderas para mejorar la gestión de los estiércoles y reducir las pérdidas de nitrógeno a la atmósfera. De acuerdo con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), la gestión de estiércoles redujo sus emisiones de amoníaco un 14,9 %, mientras que las emisiones asociadas a la aplicación de fertilizantes orgánicos descendieron un 2,1 %.
El resultado adquiere especial relevancia porque la reducción conseguida en 2024 es cuatro veces superior a la exigida para cualquiera de los años del periodo 2020-2030 en el marco de los compromisos nacionales de reducción.
El amoníaco (NH₃) constituye uno de los principales contaminantes atmosféricos asociados a la actividad agraria y tiene una relación directa con la gestión del nitrógeno presente en las explotaciones.
En el ámbito ganadero, una parte importante de estas emisiones procede de las deyecciones animales y de su almacenamiento, tratamiento y aplicación al suelo. Por ello, las medidas destinadas a mejorar la gestión de los estiércoles tienen un papel fundamental para reducir las emisiones.
El descenso del 14,9 % registrado en este ámbito durante 2024 constituye uno de los elementos más destacados de la evolución del sector. A ello se suma la reducción del 2,1 % de las emisiones derivadas de la aplicación de fertilizantes orgánicos, una categoría que incluye también las emisiones producidas por animales en régimen de pastoreo.
La reducción no responde, por tanto, únicamente a una disminución del número de animales, sino también a una mejora de las prácticas de gestión y de la información disponible sobre las técnicas utilizadas en las explotaciones.
Uno de los cambios relevantes en el sistema de cálculo es la incorporación de información procedente de Ecogan, la herramienta informática que permite recopilar de forma individualizada información sobre las técnicas de reducción de emisiones aplicadas en las explotaciones ganaderas.
Los titulares de las granjas comunican esta información y posteriormente las comunidades autónomas la notifican al Ministerio. Los datos permiten incorporar al Sistema Español de Inventarios información más precisa sobre aspectos como el balance de nitrógeno y la implantación de Mejores Técnicas Disponibles (MTD).
El MAPA destaca que las mejoras realizadas en Ecogan, junto con el trabajo de ganaderos y autoridades autonómicas, han permitido perfeccionar la estimación de las emisiones y conocer con mayor precisión el efecto de las medidas aplicadas en las granjas.
El Inventario Nacional de Contaminantes Atmosféricos correspondiente a 2026 incorpora la serie 1990-2024 y constituye actualmente la referencia oficial para el seguimiento de estos contaminantes. El MITECO señala que cada edición puede reestimar las emisiones de años anteriores como consecuencia de la actualización de metodologías, con el objetivo de mantener la coherencia de toda la serie temporal.
La evolución de las emisiones debe analizarse también teniendo en cuenta la estructura actual de la cabaña ganadera española.
Los últimos datos disponibles del MAPA correspondientes a noviembre de 2025 sitúan al ganado bovino, ovino y caprino como tres de los principales subsectores ganaderos del país, aunque con evoluciones diferentes. El Ministerio dispone de encuestas específicas para realizar un seguimiento de la evolución de sus censos y de las características productivas de cada sector.
En 2024, España contaba con 6,17 millones de bovinos, 13,48 millones de ovinos y 2,36 millones de caprinos. Frente a 2023, el censo bovino disminuyó un 1,9 %, el ovino un 0,9 %, mientras que el caprino aumentó un 2,9 %.
Estas diferencias son importantes a la hora de analizar la evolución ambiental del sector. Las emisiones ganaderas no dependen únicamente del número de animales, sino también de factores como la alimentación, la productividad, el sistema de alojamiento, el almacenamiento y gestión de estiércoles, el régimen de pastoreo y las técnicas empleadas en cada explotación.
Por ello, la reducción de emisiones registrada por el inventario debe interpretarse dentro de un proceso más amplio de transformación de los sistemas productivos.
El sector bovino presenta características particularmente relevantes en materia de emisiones debido a la importancia de la fermentación entérica y de la gestión de estiércoles en el balance ambiental de las explotaciones.
No obstante, es importante diferenciar entre amoníaco y gases de efecto invernadero. El amoníaco es un contaminante atmosférico regulado dentro de los Techos Nacionales de Emisión, mientras que gases como el metano (CH₄) y el óxido nitroso (N₂O) se contabilizan principalmente dentro de los inventarios de gases de efecto invernadero.
El propio Inventario Nacional de GEI utiliza metodologías específicas para estimar las emisiones de metano procedentes de la fermentación entérica de vacuno, ovino, caprino, porcino ibérico y équidos, incorporando parámetros nacionales relacionados con la dieta, las características productivas y las necesidades energéticas.
Esto significa que las mejoras en eficiencia productiva pueden tener efectos ambientales diferentes según el contaminante analizado.
El sector ovino, con más de 13 millones de animales, continúa siendo una pieza importante de la ganadería española y presenta una fuerte vinculación con sistemas extensivos y de pastoreo.
Precisamente por ello, la gestión de las emisiones asociadas al pastoreo tiene una particular importancia. El inventario del MAPA incluye dentro de las emisiones vinculadas a la aplicación de fertilizantes orgánicos aquellas correspondientes al ganado en régimen de pastoreo.
Además, la producción ovina presenta una gran diversidad de sistemas productivos, desde explotaciones extensivas hasta modelos más intensivos, por lo que las estrategias de reducción no pueden ser idénticas para todas las granjas.
La mejora de la eficiencia en el uso de nutrientes, la gestión adecuada de las deyecciones y el mantenimiento de sistemas de producción adaptados al territorio son elementos clave para continuar reduciendo las emisiones.
El ganado caprino fue la única de las tres especies analizadas que aumentó su censo en 2024, con un crecimiento del 2,9 % respecto a 2023, hasta alcanzar aproximadamente 2,36 millones de animales.
Este dato resulta especialmente interesante porque demuestra que la reducción de determinadas emisiones no tiene por qué depender exclusivamente de una disminución del número de animales.
La incorporación de mejores prácticas de manejo, alimentación, almacenamiento de estiércoles y aplicación de deyecciones puede contribuir a reducir la intensidad de las emisiones incluso en sistemas en los que el censo se mantiene estable o aumenta.
En el caso del caprino, además, existe una elevada diversidad de sistemas productivos y una importante presencia de explotaciones ligadas a recursos pastorales y aprovechamientos locales.
Frente a la evolución positiva de la ganadería, las emisiones de amoníaco derivadas del uso de fertilizantes nitrogenados aumentaron en 2024.
Según el MAPA, este repunte estuvo relacionado principalmente con el incremento del uso de fertilizantes, especialmente urea, respecto a los dos años anteriores. Sin embargo, este aumento no compromete el objetivo español de reducir en un 16 % las emisiones de este ámbito en 2030 respecto a 2005.
La evolución estuvo condicionada por la situación económica y meteorológica de los últimos años.
En 2022, la guerra de Ucrania provocó un fuerte incremento del precio de los fertilizantes, que permanecieron durante buena parte de 2023 en niveles elevados. Al mismo tiempo, la intensa sequía de 2023 redujo el desarrollo de los cultivos y provocó una menor demanda de fertilización.
El caso de los cereales resulta especialmente representativo. La producción cayó en 2023 un 44 % respecto a la media de los años anteriores, situada en 11,2 millones de toneladas.
La situación cambió en 2024, cuando las condiciones pluviométricas fueron más normales y los precios de los fertilizantes se estabilizaron. La producción cerealista superó entonces los 20 millones de toneladas, aumentando también las necesidades de fertilización y, con ellas, las emisiones asociadas.
El balance global permite situar la evolución de la ganadería española dentro de una tendencia descendente. Desde 2005, las emisiones de amoníaco del conjunto de España se han reducido un 13 %, mientras que las correspondientes al sector ganadero acumulan una disminución del 17,6 %.
España ha cumplido durante cuatro años consecutivos con los compromisos establecidos por la Directiva de Techos Nacionales de Emisión.
El resultado muestra que las medidas aplicadas en las explotaciones, junto con la mejora de los sistemas de información y cálculo, están permitiendo avanzar hacia una producción ganadera con menor impacto sobre la calidad del aire.
La evolución de Ecogan constituye uno de los elementos más importantes de este proceso. La posibilidad de recopilar información directamente desde las explotaciones permite avanzar hacia estimaciones más individualizadas y precisas de las emisiones ganaderas.
El objetivo no es únicamente contabilizar las emisiones, sino también identificar qué técnicas son más eficaces para reducirlas y cuantificar su impacto a escala nacional.
El MITECO considera la edición 2026 del Inventario Nacional de Contaminantes Atmosféricos como la referencia vigente y dispone de datos desglosados por contaminante y actividad para la serie 1990-2024.
Para el sector ganadero, este avance supone que las mejoras realizadas en las explotaciones pueden quedar reflejadas de forma cada vez más precisa en los inventarios oficiales.
Los datos de 2024 muestran una evolución favorable, pero el reto para los próximos años será mantener esta trayectoria mientras las explotaciones afrontan nuevas exigencias ambientales y económicas.
La reducción del amoníaco deberá continuar acompañándose de mejoras en eficiencia alimentaria, gestión de estiércoles, aprovechamiento de nutrientes y aplicación de las mejores técnicas disponibles.
En este escenario, bovino, ovino y caprino tendrán que continuar avanzando hacia modelos productivos capaces de combinar eficiencia, rentabilidad y sostenibilidad ambiental.
El cumplimiento de los objetivos de reducción demuestra que el sector ya ha avanzado de forma significativa. El siguiente paso será consolidar estas mejoras y conseguir que la reducción de emisiones sea compatible con el mantenimiento de una ganadería competitiva y con capacidad para seguir generando actividad económica y empleo en el medio rural.
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